lunes, 21 de noviembre de 2011

"Disolución"

La química, por extraño que parezca, es aplicable a la química de las relaciones.
Los amantes, por ejemplo, son como las mezclas que, cuando están agitadas, parece que han formado una sola sustancia pero no es así. Basta un poco de tiempo en aburrimiento para que se decanten o un tamiz más estrecho de dificultad para que uno quede separado del otro.
Y, cuando dos personas se unen para formar una disolución, más conocida como solución, comprometidas en un matrimonio en las aguas solventes de Dios, los mecanismos para separarlos son mucho más complejos y costosos.
Me llama la atención como la disolución implique que los componentes dejen atrás su apariencia física, sus características evidentes, para formar una solución que incluirá sus componentes esenciales pero que se convertirán en un tercero, único y nuevo, una vez que se han disuelto en el Solvente ideal.
Cuando los componentes se separan en una mezcla, a veces, son reutilizables. En la disolución hay una gran pérdida de los componentes en el proceso.
Nuestro matrimonio, que ha formado esa solución, puede ser como una gota que se parte y queda por momentos separada. ¡Qué dolor el no estar juntos! Pero, aunque así ocurre, seguimos siendo parte el uno del otro. O, si la exponemos mucho y comienza a deshidratarse, el sufrimiento es mucho pero no todo está perdido. Basta incluir la humedad de nuestra solución, Agua viva, para que retome sus propiedades ideales.
Y, si todo esto parece autobiográfico, es porque lo es. Pero es momento de volver al laboratorio de mi vida para avivar mi solución que, a los cincuenta y uno, dejé consumir por varios años en aras del bienestar ajeno. ¿Qué fue un error? No lo sé pero. . . esa es otra historia.

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