martes, 12 de abril de 2011

"Eje"

Cuando el eje de una familia se mueve, todo el resto de los miembros se ajustan para lograr un nuevo centro de equilibrio. Y eso es lo que he observado ahora que mi hija convalece y ha tenido que delegar muchas de sus funciones para recuperarse.
Mi nieto, sin sugerencia alguna, adoptó el rol de acompañante de su mami. Su hermanita, en tan sólo unos días, desarrollo un sentido de complicidad hacia su hermano mayor. Y hasta las mascotas han jugado un papel en el nuevo esquema.
Ashley, que inicialmente fue puesta en la perrera de 400 metros cuadrados, ahora se encuentra en mi casa para recuperarse de la soledad que la empujó a saltar la verja en tantas ocasiones que, inevitablemente, sufrió rasguños y lastimaduras en las patas. Y, antes que ella, llegó Lorenzo tras una crisis de dolor por un padecimiento aún no diagnosticado y que le impide caminar.
Con la idea de identificar lo que cada perro comía y detectar cualquier irregularidad en sus hábitos de desecho, cada uno permanecía en áreas distintas una de la otra. La parte de la historia en donde se explica como Ashley llegó hasta donde Lorenzo permanece recostado es una incógnica, incluso para mí. El hecho es que, al volver por la tarde, encontré a Ashley echada a un lado de Lorenzo y más sorprendente es que la perrita, a quien estaba permitiendo dormir en mi recámara, renunció al privilegio para acompañar a su amigo enfermo.
¿Será el tratamiento o el tiempo de reposo? No lo sé, pero desde que Ashley lo acompaña, Lorenzo ha dejado de llorar e intenta con más frecuencia dar vueltas por el patio aunque lo hace muy lentamente. ¡Nada más curativo que la compañía y nada más alentador que la paciencia de un amigo para sobrellevar la enfermedad!
A los cincuenta, a pesar de ser autosuficiente en tantas cosas, no puedo dejar de reconocer que el amor y la compañía de nuestros seres amados es la medicina insustituible para el alma. . . somos seres relaciones, nos necesitamos.

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