miércoles, 29 de junio de 2011

"Estadísticas"

Por más que he buscado estadísticas, repasado historias y ejemplos, o hasta hecho mis propias encuestas, no doy con una respuesta que me deje tranquila. Y es que la interrogante es difícil, compleja. . . muy compleja: ¿Qué hace que una persona actúe y sienta gratitud, y otra no?
Uno de los ejemplos más confusos es, en especial, dentro de una familia.
Los padres, por lo general, intentan dar los mismo a sus hijos e, inexplicablemente, tal vez uno de ellos valore lo que recibe y lo agradezca, mientras que otro, adopta una actitud exigente con la idea de que todo lo merece.
También, paradójicamente, aquellos que reciben menos parecen tener más capacidad de sentir agradecimiento. Y, a los que les es entregado a manos llenas todo, tienden a experimentar una falta de saciedad y, por añadidura, ingratitud. ¡Ya nada es suficiente!
¿Es entonces la conclusión más acertada que, sólo en la estrechez y la carencia florece el agradecimiento?
Casi por regla general, los países que viven con mayor avance tecnológico, comodidades y libertad, tienden a quejarse y exigir más de sus gobiernos, a veces por asuntos irrelevantes. Demandan, pelean y se frustran por no tener cada vez más con el mínimo esfuerzo. Y en otros lugares del mundo, donde un poco de agua implica caminatas bajo el sol por horas, danzan y se ríen cuando la lluvia llega a refrescarlos.
A mis cincuenta y uno, quisiera entender y tener una respuesta. Pero, sospecho, el corazón humano es incomprensible y me convenzo que, antes de descifrarlo, mejor debo dedicarme a escudriñar el mío. 

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