sábado, 4 de junio de 2011

"Cobarde"

Mi entorno sigue convirtiéndose en un campo donde aparecen, cada vez con más frecuencia, sepulcros de relaciones que yo veía llenas de vida y brillantes de futuro. Más parejas, compañeros de viaje en el camino del matrimonio, se han ido quedando atrás sumándose a la, ya de por sí abultada, estadística de divorcios. Sentirlos tan rotos y tan cerca me ha llenado de un pavor que suplantó al miedo que siempre he sentido por la muerte de la relación de una pareja.
Y me miro al espejo para llamarme de frente. . . ¡Cobarde!
Cuantos más años pasan, mis desidias, mis fantasmas y mis vergüenzas siguen minando mi voluntad mientras, en el mismo tiempo, veo avanzar la amenaza del tedio y la rutina amenazando mi matrimonio. ¡A esos dos los he visto matar sin misericordia a los matrimonios más fuertes! Su avance me llena de terror y vuelvo a decirle a la mujer del espejo: ¡Cobarde!
Y se lo digo de frente, en la cara porque, al igual que yo, sabe dónde encontrar las armas para armar la guerra contra los erosivos enemigos.
Mientras planeo la estrategia de guerra para mi avanzada, una música de fondo me inspira y me recuerda las viejas fórmulas. Es momento de levantar armas y atreverme.
Es tiempo para convertir la estancia en salón de baile, dejar el calzado de horizonte y mudarme a las colinas de los tacones altos, liberar mi talle entre los muros de la intimidad y, por qué no, transformar la alcoba en pasarela. ¿No fue esa la estrategia de la mujer bíblica en “Cantar de los cantares”?
A los cincuenta y uno, lucho con el pudor de los años y me empeño en recordar que, la fantasía y la ilusión entre las seguras vallas del matrimonio, siguen siendo la vacuna natural y perene del tedio y la rutina.

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