sábado, 25 de junio de 2011

"Consignas"

Si soltara la pregunta en un auditorio: ¿Cuál es tu consigna? Muy probablemente escucharía respuestas como: “Dar una buena educación a mis hijos”, “Aportar algo a mi sociedad para que sea mejor”, “Trabajar a favor de la ecología, “Amar a mi prójimo como a mí mismo” o “Hacer buenas obras”. Y todas estas contestaciones serían lógicas y estarían marcadas,  seguramente, por diferentes motivaciones. Algunos actuarían de una u otra manera siguiendo el mandato o instrucción de sus padres, sus jefes, sus creencias o sus conciencias.
Pero algo que casi puedo asegurar es que, muchas veces, actuamos bajo la la guía e instrucción de alguien muy poderoso: nuestro ego. Y, reconozcamos, no siempre es el más disciplinado o bien intencionado. Su manera de gobernarnos es a veces tan sutil que no lo detectamos, pero eso no quita que igual nos gobierne.
Así veo gente cuyo ego ha definido una consigna y conforme a eso, vive, se relaciona e influye su entorno. No quiero decir con esto que todas las instrucciones del ego son malas. De hecho, muchas son muy  buenas.
Tengo a mi alrededor algunas personas cuya consigna es alentar a otros. También los hay que tienen el objetivo inconsciente de hacer del lugar donde están un espacio alegre y relajado. Y no faltan los que, sin darse cuenta, organizan hasta lo espontáneo. Simplemente, cada una de ellas, sigue su consigna sin pensarlo y casi en automático influencia a los de su alrededor para bien. Pero, inevitablemente, también he de mencionar aquellos cuyas consignas no son tan positivas. Tenemos a los que, desde la segunda frase, acaban la reputación de otros. O son capaces de destruir las esperanzas o ilusiones de quien los acompañan en un abrir y cerrar de ojos. Ni como ignorar a los que con sus desórdenes emocionales desestabilizan cualquier ambiente trayendo tensión y disensión. Y, ¿quién puede ignorar que existen personas capaces de encontrar siempre algo malo en lo que considerábamos perfecto?
A los cincuenta y uno, confieso, he pasado épocas de mi vida dejando que mi ego elija mis consignas y mi presencia no ha sido siempre para el bien de los demás, pero también me alegro de haber descubierto al evasivo dictador y quitarle el control para que sea Dios quien marque mis consignas.

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