viernes, 13 de mayo de 2011

"Tiempo"

Una nueva etapa ha comenzado en muchos ambientes de mi entorno después de los múltiples y variados eventos ocurridos recientemente. El regreso de mi hijo a casa, la instalación de la Toscana (nuestra casa fuera de la ciudad), la reapertura en la vida profesional de mi hija, la convivencia cotidiana con mis nietos ahora que puedo vivir cerca de ellos, las nuevas miras profesionales de mi esposo y, por supuesto, la recuperación de las cirugías de mi hija y de Lorenzo, también han abierto una época.
Pero, parece ser, que el instructivo y maestro sigue siendo Lorenzo. Cada uno de nosotros, en nuestro nuevo ciclo, parecemos empatar algún aspecto de nuestra vida con la del bello Gran  Danés.
Ahora que ha iniciado su etapa de recuperación, no puedo evitar disfrutar al verlo resistirse entrar a la piscina. El primer día, totalmente ajeno a lo que estaba por venir, el perro entró a la casa a paso lento por la debilidad de sus cuartos traseros pero confiado. Fue hasta que comprendió nuestra intención de echarlo al estanque que, con sus mermadas fuerzas, reculó hasta que fue inevitable quedar dentro para experimentar su primera clase de natación.
A pesar de su disgusto, fue un espectáculo ver aquel enorme cuerpo blanco flotando mientras movía con tesón las cuatro patas para alcanzar la orilla y huir del agua. ¡Que placer fue verlo, vivo y tan hermoso! ¿Acaso es Lorenzo el mismo perro que vi echado en el cuartito aullando de dolor de día y de noche por tantos días sobreviviendo al riesgo de ser sacrificado?, me pregunté.
Pronto comprendí que, por el dolor y la presión de la circunstancia, había olvidado algo importante: el poder del tiempo. Porque, ¿No es con el tiempo que cierran las heridas? ¿Acaso no es también el tiempo el que trae aceptación al corazón que ha perdido algo o alguien? ¿No es el tiempo el que trae nuevas esperanzas, prepara el camino para nuevos proyectos y corona de sabiduría a quienes le dan tiempo al tiempo? 
Lorenzo, por algún tiempo, seguirá caminando con sus patas traseras tambaleantes y, durante ese tiempo, tendrá que esforzarse en su terapia acuática, sus caminatas y ejercicios. Pero, no dudo ni un momento, llegará el tiempo en que lo veremos corretear junto a los otros perros y, también el tiempo, habrá borrado casi por completo el amargo sabor del recuerdo de aquellos momentos de angustia y dolor para dibujar en el nuevo tiempo la felicidad del porvenir.
A los cincuenta y uno, recuerdo que los mejores proyectos, los mejores logros, las mejores relaciones, las mejores curaciones y todo tiempo mejor se forjan. . . a través del tiempo.

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