jueves, 24 de abril de 2014

"La semilla"

Un buen día, con un anuncio totalmente inesperado, la semilla cayó en mi alma y jamás imaginé lo que llegaría a ocurrir.
Primero, sólo la imaginación se ocupaba de descifrar lo que ya germinaba dentro de mí. Algo, jamás sentido, se hospedaba poco a poco en mi corazón. ¿Cómo sentir tanto, ante lo aún desconocido? Pero, un 24 de abril, esa emoción se decantó, tomando nombre el día que mi nieto nació, y lo llamé AMOR.
Acuné a mi diminuto nieto en mis brazos y, como una ofrenda, puse en sus manos mi corazón, ya llenito del amor más dulce que jamás sentí. Ante su primera sonrisa, mi voluntad se hizo suya y una felicidad contagiosa se filtró al primer contacto de su manita, al rozarme las mejillas.
Mi voz se convirtió en canción de cuna; mi tiempo comenzó a andar en diminutos pasos, como para darme tiempo de disfrutar cada instante a su lado; y fue mi nieto quien me enseñó los deleites más simples de la vida: Una mañana en el jardín, el chapotear en la tina o el tintinear de la sonaja, eran fiestas de vida a su lado.
El piso se convirtió en nuestro reino y los juguetes nuestros compañeros cotidianos. La carriola fue nuestro navío para viajar por parajes llenos de hojitas por descubrir y árboles que admirar, meciéndose, como en una caravana a nuestro paso.
La semilla desconocida, aquella intrigante y diminuta incógnita, germinó en mi vida hasta convertirme en abuela, el honor más grande que jamás imaginé recibir. Y aprendí, de la mano de mi nieto, a amar más allá de las circunstancias y modelos.

Hoy, ocho años después, miro a mi nieto y el alma explota en mil astillas de orgullo. Aunque su vida no ha sido fácil y muchos obstáculos le han salido al paso, su sonrisa, limpia y angelical, sigue brillando. Su corazoncito, noble y risueño, sigue llamándome “Gramma” mientras se arrebuja en mi regazo.
Dios, no tengo duda, un buen día, decidió hacerme feliz por mucho tiempo. Fue entonces que envió a un pequeño ángel, mi Patricio, y me convirtió en abuela. Y no una cualquiera, sino a la más bendecida de todas las abuelas.

Feliz cumpleaños, mi Pato, y que no sólo cumplas muchos años más, sino que vean estos ojos de tu Gramma, que te ama más allá de lo imposible, la profecía sobre tu vida, cumplida.

"El Señor te bendiga y te guarde;
el Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia;
el Señor alce sobre ti su rostro, y te de paz".
Números 6:24-26


Dios te bendiga eternamente, mi niño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario