domingo, 15 de julio de 2012

"Réquiem"


Ayer lloré por ella, con el dolor sordo de quien despide al fallecido aunque, debo confesar, nunca supe ni el lugar, ni el momento de su muerte. Creo que, como se dispersa el vapor, ella fue desapareciendo hasta volverse recuerdo.
De algo estoy cierta y es que murió joven. . . prematuramente, aunque no sé si hubiera tenido un destino distinto al que ya tenía marcado. No lo sé. Pero, de haber llegado a los cincuentas, su cabello habría lucido atado sobre su nuca y los mechones lacios habrían sido como los de las reales melenas, nítidamente acomodados y sin perder su natural cadencia.
Su voz, habría iniciado las conversaciones son la suavidad del viento, nunca intrusiva y siempre atinada. Las arrugas, apenas matizadas por un maquillaje natural, serían como un marco sobrio a sus ojos sosegados y risueños.
No serían sus ropas sofisticadas sino de elegante sencillez con sus cortes rectos, como intentando esconder las suaves curvas de su cuerpo delgado y firme, a pesar de haber criado dos hijos.
A su tiempo, habría repasado entre sonrisas largas listas de pendientes de boda con su hija y elegido, sin prisas, la tela del vestido. Con mano suave, hubiera arreglado gozosa su velo y pronunciado una bendición sencilla pero cierta.
Con innumerables fotos guardaría el recuerdo de la cena donde, con fascinación y sorpresa, recibiría la noticia de la llegada de su nieto. Y no pasaría un solo día sin suspirar por conocerlo.
Y también, de haber contado tantos años, sería una brillante antropóloga porque, cuando yo me pensé en el futuro, aún no entendía lo que una psicología hacía, así que me soñé estudiando y aprendiendo del hombre para después revelarlo en un libro.
Pero, esa mujer reposada, instruida y sabia, de cabello dócil y lacio, manos quietas y figura larga, sin darme cuenta, se me fue esfumando y se perdió en la nada. Y por eso, ayer, lloré por la mujer en la que jamás me convertí, por sus sueños, sus anhelos fantasiosos y los planes de transformarse de gusano en mariposa. Y lloro, hoy, por la sabiduría truncada, por los rizos necios, por mi mente y mi cuerpo agotados, por las bodas que jamás serán, por las noticias abruptas y crueles, por los sueños rotos y por todo lo que aquella mujer, a su muerte, se llevó consigo.

viernes, 13 de julio de 2012

"El viaje"


Tres llamadas, tres citas, la solicitud de asilo y, en instantes, se configuró el viaje con la escala que dejaría una profunda huella.
Sin importar las distancias recorridas, dos de las tres reuniones fueron canceladas en el último momento y, aconsejados por el cansancio y la necesidad de volver a casa, casi obviamos la visita familiar. La insistencia, siempre amable, de mi cuñada, nos hizo cambiar de opinión y el plan de pernoctar en su casa continuó, abriendo el capítulo con una bienvenida totalmente inesperada.
Las tres niñas, mis sobrinas, alborotadas por nuestra sorpresiva estancia, convirtieron el ventanal del cuarto de visitas en un mural con nuestros nombres, la figura de la princesa Rapunzel y una leyenda en inglés de bienvenida: “Welcome house”. ¡Un recuerdo inolvidable!
Entre sonrisas y la naricilla fruncida, la nueva gracia del Benjamín de la familia, nos enteramos de las últimas noticias de la numerosa pandilla: La mayor, concluyendo el año escolar con honores; la segunda, con la vida de cabeza pues, su nueva costumbre, la tiene literalmente cabeza abajo y pies al aire en cualquier mueble disponible; la tercera, con un vocabulario más extenso pero sin cambiar su estilo de proclamación, nos anunció de juguetes e intereses. 
Su mami, relajada en medio del torbellino de solicitudes, nos relató anécdotas infantiles y él, mi hermano y orgulloso jefe de familia, nos convidó de una copa de vino cuando, una a una de las niñas, se fueron despidiendo para ir a dormir.
La madrugada nos sorprendió hablando de las cosas que nuestro corazón había guardado durante los últimos dos años. Al filo de la mesa derramamos nuestros dolores y heridas, nuestras esperanzas y, de vez en vez, nos reímos de nuestros propios miedos. ¡Cuánto valor puede infundir al alma, una compañía que nos asegura en amor y respeto!
Ya con los planes trastocados, nos dejamos llevar por la inercia de la convivencia. El desayuno del día siguiente, aderezado de bullicio y conversación continua, se ligó a la hora del refrigerio. Y entre bocados de fruta picada, fue nuestro turno de escuchar los pormenores de la vida de la peculiar familia.
Tras el deleite de aquel remanso, llegó la despedida y largas horas de reflexión se dieron en mi corazón sobre una interminable carretera de vuelta.
Un duelo no terminado se mezcló con el gozo por la felicidad ajena. Pensar en aquellas seis personas tan amadas, entretejidas en un tapiz de personalidades y con la fortaleza de los hilos unidos en una sola meta, me hizo confirmarle al corazón: Mientras una familia, aunque sea sólo una, sobreviva, la sociedad mantiene una esperanza.

jueves, 21 de junio de 2012

"Inspiración"


Dos vidas ajenas, dos ejemplos distintos que confluye y atizan la llamada “inspiración”.
Ella tiene 98 y una historia de guerras, exilio y dolor. Ahora vive en los suburbios y, guardado en los recuerdos, un campo de concentración. Todos la llaman “la del quinto piso” pues, sin falta, desde su ventana, con sus dedos callosos sobre el piano, hace a las melodías flotar.
Su música fue su salvamento, su refugio y su pasión. Y, ahora en su vejez, es su eterna compañera y el deleite de quien la visita en su rincón.
La otra vida es mucho más joven. Ronda la plena juventud. Es risueña, muy menuda y sus dedos, con soltura, recorren el piano con tesón. Su nombre es un nombre simple, su mirada transparente mas, su música al surgir, la reviste de intensidad.
Hace unos pocos días, ellas llegaron a mí, las dos contando su historia y transmitiendo su pasión. Ambas tocan el piano, sin importar su edad y, después de mucho pensarlo y al escucharlas tocar, pienso en mi viejo anhelo de interpretar a Chopin.
¿Acaso con los años, los sueños no habrían de envejecer?
Hoy me doy cuenta que, a pesar de mi poca vista y el grosor en mis falanges, aún late en mí aquel deseo de la técnica vencer.
Tengo 52. Dudo, pienso, me detengo. ¿Será esta una locura, de quien corre a la vejez? ¿Tendrá sentido intentarlo, pasada ya la madurez? 
Entonces pienso en la anciana y también en la chiquilla. ¿Cuántos años me quedan de vida y cuantos para volverlo a intentar? Tampoco ellas lo saben, no por ello se detienen. Simplemente juegan y se esmeran para su arte enaltecer.
Tomo mis libros, algo viejos y arrumbados. Limpio mis anteojos y aspiro, para mis nervios templar. Llego a mi primera clase y, el maestro, con mirada algo curiosa, no se atreve a preguntar.
Al final, él se decide y me empieza a cuestionar: ¿Qué quieres en esta clase? ¿Qué pretendes alcanzar?
-Tocar el piano-, le digo. -Con una técnica lustrosa, con matices de vejez pero, con tanta excelencia, que pueda volver a Chopin.

miércoles, 20 de junio de 2012

"¡No me lo digas!"



Una llamada para pedirle ayuda con mi padre y en la bocina escucho la respuesta de siempre: “Lo primero es lo primero”. Al cortar, él hace una llamada y su cita importante queda cancelada para estar libre e ir a atender a su suegro.
* * *
La videoconferencia ha iniciado y la vocecita en la otra habitación lo alerta. Es él, su pequeño nieto llamándolo. Con cortesía, pero con presteza, se disculpa y desaparece de la pantalla para ir a su lado porque el niño lo ha llamado. Él necesita compañía y lo invita a jugar. Los asuntos de trabajo pueden postergarse, su necesidad no. “Ya habrá tiempo de continuar, esta noche”, y así inicia la diversión. . . Y el amanecer lo encuentra trabajando.
* * *
Es momento de detener la carrera sobre la interminable lista de pendientes pues, la hora de ir a recoger a su nieta a la clase de baile, ha llegado. Los negocios son importantes pero jamás más que ella. ¿Cómo perderse esa sonrisa vestida de tutú? De la mano, se dejará guiar hasta el mostrador y comprará esa paleta de colores. Hay cosas valiosas pero nada como ese instante con ella.
* * *
El aparador, con sus luces y el cristal, hacen lucir al novedoso aparato aún más atractivo. Su diseño, la pantalla y su capacidad de procesar lo convierten en algo irresistible. Si lo tuviera, ¿no sería más fácil su trabajo? Pero. . . muchos rostros, entre ellos los de sus hijos, inician la justificación para no caer en la tentación. La universidad, los cursos y su bienestar se agregan al discurso para convencerse de que hay prioridades y, en voz alta, declara: -realmente yo no lo necesito”.
* * *
Suena el despertador y, con enormes trabajos, logra levantarse. Son las cinco de la mañana y no deja de llover. Todo invita a volver a dormir pero, el pensamiento de los suyos, los que cuentan con él, lo hace moverse más rápido y antes de las seis de la mañana ya está en el camión que lo llevará de vuelta a la oficina. Se arropa con la chamarra para vencer el frío y sonríe, “Por una noche, unas horas más con mi mujer, valió la pena”.
* * *
Lo suyo nunca han sido ni las palabras, ni los detalles románticos. Las tarjetas de cumpleaños apenas incluyen un par de líneas cortas y una firma. No sabe elegir los regalos y a veces olvida poner una inscripción en las flores. Pero, después de casi 30 años juntos y recordar como vive en entrega incondicional para lo suyos, ¿para que quiero que me diga que me ama?
Amo a mi esposo y sé cuanto me ama. . . ¡Cuánto nos ama! ¿Quién necesita palabras?
Así que, no importa, ¡No me lo digas, amor!

Muy amada. . . a los cincuenta y dos.

martes, 19 de junio de 2012

"Micas"


En un acto de osadía y alentada por el brillo de la pantalla recién estrenada de mi marido, retiré el plástico con el que protegía la de mi propio aparato. Y, ¡sorpresa! Era tan brillante como el iPad de mi esposo y, la definición, me pareció espectacular.
Con el ánimo de conservarla en el mejor estado posible y por más tiempo, y considerando que prestaría mi iPad a mis nietos, al momento de sacarla de la caja, le coloqué una mica protectora y hasta entonces accioné el botón de inicio.
Dos años después, por primera vez, veo su luminosa apariencia y, no sin cierto temor, me dispongo a disfrutar de la resolución que la tecnología de la tableta electrónica tiene.
Y, mientras me divertía agregando aplicaciones nuevas que utilizaran muchas imágenes, comencé a pensar en mi manía de prevenir y agregar seguridad “extra” a todas la situaciones. “Por si acaso” se convirtió, y no se ni cuando, en la etiqueta aceptable para disfrazar mis miedos.
Así, inicio un repaso de aquello que ha recibido un tratamiento de cuidados extremos y me topo conque, mi corazón, forma parte de esa larga lista, dando como resultado relaciones interpersonales algo superficiales. Parece que, en la intención de protegerme, tengo la tendencia de mantener a la gente nueva que llega a mi vida, a distancia. . . bajo una mica.
Al final, descubro que me he perdido de gozar de muchas cosas buenas por poner una “mica de protección” y jamás estrenar las novedades por no jugarme el riesgo.
Ahora me río de mi pequeño absurdo pero, no por nada dice el dicho: “El que no arriesga, no gana”.

domingo, 17 de junio de 2012

"Él"


Un día, él, se convirtió en papá y, en pocos años, ejercía su rol con dos hijas y un hijo.
Aunque su sueño fue la medicina, con entusiasmo se esmeró en la profesión que le permitía proveer a todos los de su casa y, sus cuidados, fueron más allá de los pesos y centavos.
Al final del día, al volver del trabajo, él entraba en la habitación de su hijo y se concentraba en enterarse los pormenores de su día. Y, por la noche, la merienda aderezaba su convivencia con platillos sencillos pero con mucha compañía.
Cuenta su historia, como padre de ese niño, con pasajes de sábados en los que lo llevaba a deslizarse por las lomas en patineta, juegos de piscina en los viajes a Acapulco y escapadas a la taquería favorita.
También, a él, le llegó el tiempo de tomar decisiones y con tiento, pensando primero en los suyos, sacrificó presencia para iniciar la aventura hacia una nueva vida en otro lugar. Seguramente, él vivió noches de soledad y añoranza lejos de casa; no es difícil imaginar que por momentos dudara y se convenciera, nuevamente, de que el sacrificio lo valía todo por el bienestar de sus hijos y su esposa.
"Mi gran regalo de vida: el mejor padre para mis hijos"
A lo largo de su vida, él también pensó en su vejez y en la libertad financiera de sus hijos. Con prudencia y constancia, preparó sus tiempos de retiro para convertirse en un motivo de disfrute y no de carga para ellos.
Él, sin saberlo, fue forjando con sus acciones, sus cuidados, sus ejemplos y su amor, mi gran regalo de vida: el mejor padre para mis hijos. Sí, ese fue su gran herencia y ahora, con toda aquella maravillosa experiencia padre-hijo, como semillas en el alma de mi esposo, han germinado las cualidades de un padre excepcional.
¡Gracias, suegro, por el padre de mis hijos! Sé que, si vivieras, estarías orgulloso de tu hijo al ver que, tu legado, está siendo sembrado sin reservas en el alma de mi propio hijo.
¡Feliz día del padre a ustedes, varones ejemplares y pilares de la vida de mis hijos!

viernes, 15 de junio de 2012

"Historias de amor. . . ¡Diez años después!"


Diez años después, ella declara: “Decidí unirme al hombre de mi vida 
y no me equivoqué”.
Ante un anuncio semejante, más de uno, pensará que ella tiene el matrimonio perfecto y ¡tiene razón!
En una década, casi puedo asegurar, se habrán escuchado: el estallar de puertas después una discusión, citas al cine canceladas a gritos y muchas exigencias entre las cuatro paredes del “nido de amor” que, esa pareja, se comprometió a formar.
Ella, tal vez, le habrá reclamado que dejara los zapatos a la mitad del pasillo y que la hicieran tropezar. Él, es posible, se enfadara por el monto a pagar de la tarjeta de crédito y que ella olvidara el compromiso de austeridad.
Tampoco es difícil imaginar escenas de rabietas, enojo y mal humor después de una noche de desvelos por la enfermedad de su hija y, ¿acaso sonaría imposible que, en algún momento, pararan a mitad del camino por la duda de querer seguir en el proyecto común? 
Aunque no parece como una “historia de amor” ideal a primera vista, en realidad, lo que la convierte en “la verdadera historia de amor” es que, hoy, estén celebrando el seguir juntos. . . a pesar de todo.
Si por lo menos las parejas, que inician el camino de su alianza, corrigieran la falsa idea de lo que es el amor; si conocieran el significado que Dios le dio a tan maravillosa y, a la vez, difícil relación, muchas, jamás tomarían el reto de intentarla pues, ¿qué de atractivo tiene el amor en su verdadera definición?
Es por eso que, entre gritos y sombrerazos, con besos y portazos, aderezado de promesas, regalos y reclamos, un aniversario de matrimonio, ¡SIEMPRE ES DIGNO DE CELEBRAR!
“El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca la suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” (1 Corintios 13:4-7)

jueves, 14 de junio de 2012

"Pequeñeces"


Cuando hablamos de cosas de poca importancia o sin trascendencia, las llamamos: “pequeñeces”. Pero, ahora veo, no siempre es así.
Hoy, por ejemplo, mi sentido del tiempo cambió al enterarme de que, a mi nieto, le extrajeron dos dientes. Sí, ¡Mudó sus primeros dos dientes! Esas dos pequeñas piececillas, saturadas de calcio, trajeron imágenes vertiginosas que revolvieron mi mente y atontaron mi conciencia. ¿Acaso no fue apenas hace un corto tiempo que, en la pantalla de un ultrasonido, vi algo parecido a una mariposa agitada que se movía y me explicaron que era su diminuto corazón latiendo? ¿Es posible que hayan pasado tantos días desde que apagó una velita solitaria en su pastel y nos maravillábamos con sus primeros pasos? 
La noticia de que, esta noche, él dejaría una  cajita en forma de ratón con los dientes pequeñitos dentro de ella, esperando amanecer con algún billete para comprarse un juguete, me hizo caer en la cuenta del yugo inmisericorde del tiempo.
Al igual que la vida me tomó por sorpresa cuando su madre cruzó el umbral para salir del nido y cuando mi hijo cerró la maleta para ir a vivir al otro lado del mar, esta noche, otra vez, me ha gritado fuerte y claro que, mi chiquitín, antes de que alcance a darme cuenta, también crecerá hasta convertirse en hombre.
Me duele el corazón y mis huesos, en un instante, resienten los años que me han sostenido. Compasiva, mi alma, intenta hacerme sonreír con los miles de recuerdos que hemos guardado en ella: Tardes entre juguetes y calcetines llenos de arena; dibujos colgados en el refrigerador como trofeos y cantos musitados mientras lo acuné en mis brazos; travesuras escondidas bajo nuestra complicidad y risas, ¡muchas risas! al disfrutar el estrepitoso caer de las fichas de una torre.
Hoy tengo más canas que ayer y una lista, cada vez más larga, de cosas que he dejado pendientes por ser abuela. Aun así, ni por un segundo, cambiaría nuestros juegos y vida juntos. Porque, ¿no son esos dientes un recordatorio de que, muy pronto, Gramma será parte del recuerdo de su infancia y él seguirá su camino?
"Señor Dios, ¿porqué la vida tiene tanta prisa? Tú que tienes el poder y tuyo es el tiempo, ¿Por qué no me haces un regalo, uno muy especial y alargas su infancia?".

martes, 12 de junio de 2012

"De 68 a 132"


Dicen que, los verdaderos cambios, surgen desde adentro y creo que es un acierto. Pero esto no es sólo a través de una introspección que cambia la esencia de nuestras convicciones. También se dan de forma colectiva cuando, un elemento del sistema, inicia la sinergia dentro del grupo al que pertenece.
Y, la familia, como todos los sistemas, no es la excepción.
En nuestro caso, el despertar de la conciencia de uno de nuestros miembros, causó un estado de reflexión y análisis que había quedado adormecido al vapor de las fórmulas más generalizadas de reacción: argumentos rápidos descalificando en base a un pasado y aniquilando cualquier futuro; respuestas desde el temor por un arraigo a lo conocido, incluso siendo malo, y hasta las bromas populares más grotescas.
Lo curioso fue que, ese motivador al razonamiento y búsqueda de mejores respuestas, es el más joven de la familia y, probablemente, el que la sociedad descalificaría con la etiqueta de “inexperto”.
Ahora, movidos por los vientos políticos y la urgencia de una decisión sobre a quien otorgar un voto que determine nuestro futuro, estamos aprendiendo, nosotros, -los de la generación que aprendió a callar y agacharse después de observar con ojos de horror lo que sucedió a nuestros antecesores en el fatídico ´68 - a revisar con un sentido crítico y responsable las opciones que se nos presentan.
Ojalá y mi generación, al igual que la de los jóvenes estudiantes, aprendiera de ellos su responsabilidad y empeño político, de la misma manera en que nosotros, en el seno familiar, rompimos la inercia de la inmovilidad y conformismo.
Sí, yo también quiero hablar de las elecciones. . . desde mi óptica, ahora, a los cincuenta.

domingo, 10 de junio de 2012

"El asesino"


La radio, la televisión y hasta en los cortos de cine, somos bombardeados por gente que nos espeta fórmulas y propuestas para mejorar al mundo o, por lo menos, nuestro país.
Con palabras en rima, una retórica estudiada y bien maquillada, se empeñan en convencernos de que ellos son mejores que los demás. En el fondo, bien escribió mi hijo, todos están hablando de lo mismo y, los matices mercadotécnicos, son la única diferencia entre uno y otro.
Pero el drama no termina con lo hueco de sus palabras pues, la verdadera tragedia, es que quienes las pronuncian han perdido, en su mayoría, credibilidad. Antes de ir a dar al pódium, cada uno de ellos, ha sido asesinado por el monstruo de su propia creación: la mentira.
Y este asesino no es exclusivo de los políticos. Él es capaz de ir destruyendo en todos los ambientes, desde el matrimonio hasta las naciones completas.
La verdad, tantas veces asociada con la transparencia, es como un cristal. Es como el escaparate que rodea nuestra integridad y, cuando surge la duda, se empaña y nos desdibuja ante los ojos de quienes nos ven. Pero si llega la mentira la golpea, la verdad se rompe y, muchas veces, las astillas matan la fe y degüellan la confianza con su filo. Y, así como no se puede revivir a un hombre degollado, ni la fe ni la confianza pueden reponerse de la herida y mueren. 
El esposo que miente, habrá de vivir con el cadáver de su  credibilidad y la sombra de la incertidumbre, el resto de su vida, rondará su matrimonio. El hijo que engaña a sus padres perderá la valiosa herencia de la confianza de ellos y, así, hasta llegar a los gobernantes que engañan a los gobernados.
Siendo una fórmula tan simple en las relaciones y aplicable a todas las escalas, ¿por qué parece ser ignorada por aquellos que insisten en que depositemos en ellos nuestra confianza? Y, ¿Acaso no es igualmente grave pensar que su conciencia, adormecida o muerta, no les recuerde de sus mentiras y sus fraudes?
Siempre es difícil decidir en quién entregar nuestra confianza pero ahora, trágicamente, es motivo de duelo el pensar que, ninguno de los que se han levantado merece recibirla pues, el valor de su palabra, es nulo.

sábado, 9 de junio de 2012

"Sobre la mesa"


Sobre la mesa se firman los tratados entre países, contratos de matrimonio y de ella se levantan las copas para celebrar los grandes triunfos del ser humano.
Pero, también es sobre la mesa y frente a un juego de mesa, que se forjan seres humanos con carácter e integridad.
El juego y, en especial el de mesa, es parte de la formación de un niño. De él aprende muchas cosas y no sólo a manejar la competitividad sana que le enseña a ser su propio contrincante, cuando trata de superarse a sí mismo en cada ronda hasta dominar el juego.
También se entrena en la solidaridad, si la dinámica del juego es a través de equipos, y lo exhorta a trabajar en conjunto. Le instruye en el ejercicio de la sujeción a las reglas y la civilidad para acatar el orden de intervención en el sistema, respetando el derecho del otro. Y la honestidad se desarrolla cuando vence la tentación de hacer trampa.
Aunque es cierto que los juegos adiestran en diferentes áreas: memoria, habilidad manual, destreza, estrategia y otras materias específicas, una de sus grandes aportaciones es aprender el difícil arte de “saber perder”. A ganar, nos impulsa toda la sociedad pero, ¿no es mucho más espinoso y complicado responder a la derrota?
Creo que, cuando uno sabe perder, asimila la experiencia y se nutre de ella. Ejercemos gracia sobre nosotros mismos y reconocemos en lo que aún nos hace falta trabajar; también dejamos de tener enemigos cuando aceptamos sin amargura que, el otro, ha sido mejor en esa ocasión y hasta lo acompañamos en el gozo del triunfo. 
En el juego, incluso en el de azar, nos ejercitamos en la sabia idea de que, nosotros y nuestro mundo, no dependen de nuestra voluntad y control.
¿Qué sería de nuestro mundo si todos, en la infancia, hubiésemos sido educados frente a un juego de mesa? Tal vez tendríamos sociedades más armoniosas y seres humanos más felices.
No lo sé, quizás es sólo una utopía pero, lamentablemente, es una costumbre familiar que se ha perdido y, con ella, todas sus bondades.
¿Alguien que recuerde y quiera jugar “Turista”, hoy?

martes, 5 de junio de 2012

"Abandono"


La imagen que surge en mi mente, cuando se menciona la palabra “abandono”, es la de alguien que parte, maleta en mano y sin mirar atrás. Sin embargo, cuando miro en mi entorno con cuidado, descubro que el abandono es, mucho menos obvio y más sutil, pero igualmente doloroso. Su imagen es engañosa pues se reviste presencia aunque está llena de indiferencia.
Así aparecen familias donde los padres, ocupados en los múltiples asuntos, crían hijos como el pastor acarreando el rebaño. Los llevan a la escuela y a las actividades escolares pero, al final del día, no pueden contabilizar un momento de atención a los intereses y necesidades personalísimos de los hijos. Y la coartada, con matices de responsabilidad, excusará que todo lo que hacen es por y para ellos.
Igualmente la esposa, atareada con los menesteres domésticos, podrá argumentar que cuida del hogar para prodigar bienestar a su familia pero, el saldo, al igual que con ese niño abandonado, sólo refleja ausencia.
Así puedo ir sumando ejemplos: El empleado que cumple con sus deberes e ignora al cliente al que se supone debe servir; el esposo que se retrasa cada noche en búsqueda de una mejor economía y que deja vacía la silla durante la cena en familia; o el hombre que llama al amigo en su cumpleaños pero que olvida llamar, cualquier día, para saber de él.
Es en esa reflexión que encuentro una respuesta a la soledad que una inmensa mayoría en nuestra sociedad vive y la devastación emocional que están sufriendo nuestros niños. Con tantas ocupaciones y carreras nosotros, también, estamos abandonando a los nuestros y al mundo.
¿Por qué entonces nos extrañamos de ver al adolescente aislado tras los audífonos o al niño parapetado tras un juego de video? ¿Qué nos hace pensar que debería ser distinto?
¿Habrá alguien más que descubra esta misma razón que hoy me asalta?

viernes, 1 de junio de 2012

"Las dos letras"


“Porqué habría de ocuparme de encender el calentador, si yo no utilizo el agua caliente”. La frase, aunque parece inofensiva, contenía las dos letras que actuaron como un filo para cortar mi buen ánimo y me demostró, por enésima vez, que pueden levantar una barrera muy alta entre dos personas y sembrar la semilla del resentimiento.
“Yo”, en el contexto más sano, nos define, habla de nuestra unicidad y nuestra individualidad. Pero, cuando es usado para borrar a los de nuestro entorno, cercena los lazos que nos hacen formar parte de nuestra comunidad.
“YO no tengo escasez de agua, ¿Por qué habría de preocuparme o cuidarla?”, “YO no padezco de hambre, ¿Por qué ocuparme de la hambruna?”, “YO no utilizo las vialidades, ¿Por qué pagar impuestos?”, “YO no gusto de la política, “¿Por qué ejercer mi derecho al voto?”. Y, aunque los ejemplos son interminables, el resultado es el mismo: Un egocentrismo que destruye toda posibilidad de servir a otros, interesarse en sus necesidades o hasta sacrificar un poco de lo “mío”, anteponiendo “lo tuyo”.
Si iniciáramos un ejercicio, comenzando por la relación en el matrimonio, acomodando las prioridades en sentido contrario a la inercia natural del “YO” y lo lleváramos hasta la relación de gobernador y gobernado, seguramente encontraríamos que muchos de los actuales conflictos se desvanecerían: desde el divorcio hasta la corrupción. Porque, “Yo necesito ser feliz” y “Yo necesito más dinero y poder, a costa de lo que sea”, dejarían de ser las máximas y rectoras.
El “YO” como bandera, advierto, es una de las palabras más desintegradoras y perniciosas de nuestro vocabulario, por lo que deberíamos ser enseñados para usarla con cautela y sólo en los casos en que, su aplicación, edificara y no destruyera.

jueves, 24 de mayo de 2012

"Penélope"


A mi generación, el nombre de “Penélope” nos remonta a la canción de Joan Manuel Serrat que, entre estrofa y estrofa, relata la historia de una mujer que, con paciencia y anhelos, pasa la vida sentada en el andén de una estación. El final, a pesar de lo melodioso del canto, nos envuelvía de frustración al ver como ella, cuando el amante vuelve muchos años después, ya no reconoce en el rostro envejecido al largamente esperado amor. ¡Cuánto tiempo perdido y que absurdo resulta el final!
Lo curioso es que, observando con algo de detenimiento, me veo rodeada de un mundo lleno de “Penélopes”. Hombres y mujeres que, habiendo concebido un sueño de vida en su juventud, ven pasar su existencia esperando a que se cristalice y desdeñando muchas oportunidades y bondades que les salen al paso, simplemente, porque no son lo que alguna vez forjaron en su mente.
Entonces veo matrimonios y familias sucumbir cuando, al paso del tiempo, no encajan con aquel diagrama de perfección que permanece dibujado en su proyecto inicial. Ella se queja con amargura de las deficiencias de él y, él vive la desilusión de la mujer perfecta que necesitaba para cumplir sus sueños.
Los ancianos, por su parte, se llenan de tristezas cuando su mundo, incesantemente, les presenta pérdidas, retos y problemas. Y ven como sus vidas se agotan, en la inútil espera del día impecable y perfecto para entonces ser felices.
Los padres se decepcionan de los hijos, los profesionales, de sus carreras y la cadena de desilusión es tan grande que, al final, se vuelve insalvable y sólo queda la espera de lo que nunca vendrá en patética resignación.
 Creo que Penélope, después de todo, no está tan sola en el andén pues, muchos tantos como ella, viven con los ojos fijos en la quimérica ilusión y con el cuerpo ausente de lo que la realidad les ofrece.

miércoles, 23 de mayo de 2012

"¡Ahora resulta. . .!"


Ataques indirectos, fuego cruzado sobre mi cabeza, una mudanza intempestiva y ahora resulta. . . ¡Que yo tengo gato!
Así de simple. Sin que estuviera contemplado en mis planes y con poco margen para evadir las consecuencias de mi entorno, por mis habitaciones y mis patios, hoy camina ufana una gatita blanquinegra que, sin remilgos, husmea curiosa por cuanto rincón le place. Y yo, que creo no haber mencionado esto antes, trato de armar una fórmula de convivencia con la nueva residente para que no detone mi alergia porque, sí, ¡soy alérgica al pelo y humor de los animales!
Lo extraño es que, después de que mi vida está plagada de ejemplos sobre eventos “fortuitos” que llegan trastornando mi vida cotidiana, aún me atrevo a escribirlo. Porque, ¿no fue de la noche a la mañana que: me convertí en abuela de tiempo completo, enfermera, pre-suegra y suegra, habitante de un pequeño pueblo y, todo, sin que mis planes de vida y voluntad tuvieran mucho que opinar?
La realidad es que, a pesar de que lo inesperado no deja de asaltarme, aún no me acostumbro a estos giros que me desbalancean y me enfilan hacia rumbos inusitados. Y, lo bueno de todo, es que mis sorprendentes “realidades” terminan siendo más divertidas y espectaculares que mis bien trazados y rígidos proyectos.
Sea pues bienvenida, Oreo, el más reciente ingreso como miembro de esta familia tan “singular”.

martes, 22 de mayo de 2012

"Partos"


Un beso en una escena y mis ojos lloran. El abuso de un automovilista atajando el paso a un peatón y mi estómago se cristaliza en mil estalactitas filosas. Mi piel se eriza emocionada cuando el viento la roza. Entonces, no hay duda, sé que ha llegado el tiempo de volver a escribir y, las letras concebidas en ideas, como la mujer que rompe aguas, fluyen en desorden y ensangrentadas.
Así como un parto no ha de retrasarse para evitar la muerte el niño, mi conciencia entiende que ha de sobrevivir mil partos para alcanzar a respirar porque, ¿cómo entender la existencia si permanece enmarañada dentro y sin ver la luz?
No, no puedo retrasar el alumbramiento de cientos de momentos vividos. Así que, como la incansable noria, retomo la labor de echarlos fuera para que fluyan y corran haciendo surcos en las páginas hasta convertirse en hilos frescos de recuerdos. Al final, lo sé, habrán de perderse como el agua del riachuelo que trasmina las capas de la tierra para volver a ella.
Surgen estas primeras líneas como el estertor del casi ahogado, tosiendo, escupiendo ideas. Y, por más grotesca la escena, sigue siendo una de resurrección y de esperanza de continuar con vida.
¡Qué difícil es ser un discapacitado! ¿Por qué no son mi cuerpo y mi mente como el resto de la gente? Capaces de continuar viviendo con tan sólo respirar. ¿Cuándo se decidió que, para yo lograrlo, habría de añadir el resonar de teclas escribiendo?
La tragedia y gloria del escritor. . . escribir para seguir viviendo.

martes, 1 de mayo de 2012

"El amante"


Hay cosas que no podemos dejar nunca atrás, en el pasado, pues de tanto andarlas en la memoria, se funden con la realidad del presente. Y mi esposo, desde que nos conocimos, sabía de lo nuestro y nuestra historia juntos. Así que, ahora que ha vuelto a mí, él mismo le abrió la puerta para dejarlo entrar.
Aunque sabe que robará parte del tiempo que antes era sólo nuestro, parece recordar aquella frase de una canción de trova, “la prefiero compartida. . .”. Por algo han dicho que, el amor, es capaz de renunciar y ceder con el único fin de abrigar al amado en anhelos cumplidos y felicidad.
Como dentadura de artista, él llegó a casa sonriendo, esperando sentir mis dedos, mis suspiros. Con su voz, resonando por cada rincón de la casa, ahora me canta. A veces con dulzura y otras con profunda emoción mientras, mi esposo con paciencia, observa y nos regala libertad para vivirnos el romance.
Sí, mi amante ha vuelto a casa, con sus teclas alineadas y con olor a madera añeja. Mi amado, con su regalo de cumpleaños, mi piano, ha dado nueva vida a esa antigua pasión guardada en mis entrañas: la música.

martes, 24 de abril de 2012

"A los seis"


Algunos personajes usan su vida y su tiempo para conquistar el mundo pero, yo conozco a uno, que a los seis, ha conquistado el mundo y corazón de mucha gente. . . comenzando por el mío.
También, durante esos seis, me ha guiado de regreso al país de la fantasía y de la risa, un lugar que se había perdido en mi memoria. Y está por demás decir que, como guía de corazones, ha sido el mejor que he tenido.
Aunque apenas rebasó su primer quinquenio de vida, él tiene la habilidad de hacer salir el sol hasta en los días nublados con tan sólo sonreír. Desde que nació, también, controla el ritmo de mi corazón con sólo pronunciar tres palabras: “Gramma, te amo”.
Sé que muchos científicos reciben reconocimientos por sus grandes descubrimientos pero me atrevo a decir que, a los seis, él ha reinventado el significado de las cosas y ha descubierto lo mejor de mí, con sus ojitos oscuros y risueños de cervatillo, como nadie jamás lo hará.
La sabiduría de los ancianos, frente a la naturalidad de  sus respuestas, se ve empañada y, como el mejor de los maestros, me enseña a resolver, con la simpleza de un abrazo, hasta los más intrincados enredos de mi corazón.
Sí, este pequeño que hoy cumple 6 años, es mi guía, mi maestro y mi conquistador favorito, el mejor. Y confieso que, ha sido su presencia en este tiempo, la pieza clave para alcanzar mis más intensos momentos de felicidad.
¡Feliz cumpleaños, nieto de mi corazón! ¡Dios te hizo una bendición y tu vida está en Sus manos. . .para bendecirte aún más!

miércoles, 18 de abril de 2012

"La última página" (Parte 4)

Las horas de este último día transcurren y se agotan. Mi vida continúa y, después de esta pausa para revisar el saldo, se abrirán los “Cincuenta y dos”. Lágrimas, suspiros, risas y gozo se mezclan en mi alma durante el recuento pues, tal vez, este año ha sido uno de los más intensos, emocionantes, complejos y útiles de mi vida.
Caí pensándome derrotada, me levanté con la esperanza de la fe, encontré fuerzas donde pensé que ya no había más, estallé de gratitud al reconocer que Dios es la Gracia, me re-enamoré a rabiar de mi amado, perdoné mientras lloraba gotitas de sangre en el corazón. . . ¡Aprendí, crecí, me fortalecí, me vacié de expectativas y me volví a llenar de ilusiones y, así, llena de fe en Dios, me mantuve con vida! 
Hoy, mi espalda tiene un ángulo más agudo, muchos de mis cabellos han olvidado su original tono castaño, mis párpados son un poquito más pesados y mi piel va perdiendo la batalla contra la gravedad; y podría escribir un libro sobre todo lo que viví en los “Cincuenta y uno” pero, una sola cosa realmente es importante de agregar:
¡Gracias, mi Dios, por estar conmigo!

Y ahora, a cantar la canción que me recordará que, lo mejor. . . 
¡está por venir!
http://www.youtube.com/watch?v=BGG02Jrp3I4&feature=mr_meh&list=FLqd-gIN7RrFluXChLYzGAgw&lf=mh_lolz&playnext=0

¡GRACIAS “CINCUENTA Y UNO”! ¡NADA CAMBIARÍA EN NINGUNO TUS DÍAS!
¡ADIÓS, AÑO QUERIDO! ¡NOS DESPEDIMOS EN PAZ!
Y. . . ¡BIENVENIDO “CINCUENTA Y DOS”!

"La última página" (Parte 3)

Fue también en este año que la vida me obsequió dos nuevos amigos.
Uno, mesurado y puntual, un hombre con cicatrices en el alma y sabiduría en el corazón. Un vagabundo que usa la tecnología para robar al mundo pequeños instantes que después comparte con los atareados, como yo, que no tienen tiempo para detenerse a mirar.
El otro, un sonriente ladrón de corazones que llegó a nuestra vida en medio del oleaje, desde el otro lado del mar. Una incógnita, un desconocido que se mezcló en nuestra vida diaria como se cuela el vapor entre las rejas y de quien aún no he descifrado las verdades de su corazón.
Estos dos nuevos amigos, tan distintos y tan extraños, son ahora parte del bagaje de mi vida.
Al intentar redondear mi resumen, mencionando el logro de alguna de mis metas u objetivos, no puedo evitar el sonreír pues, a decir verdad, no concreté ninguno. . . ¡ni uno sólo! Pero, con especial asombro, me doy cuenta de que acerté a completar un propósito que no aparecía en mi lista: Morir a mí misma mientras amé a mi prójimo en acción.
Tal vez, si tuviera que dar un título a este año de mi vida, lo llamaría “Aprendiendo a amar”. Pues ha sido en este tiempo que logré amar mientras recibía la puñalada por la espalda, perdonar cuando aún sangraba la herida, servir cuando era repudiada, dar cuando la desilusión me derribaba y quedarme, aunque el corazón me gritaba que me fuera. Y, con sinceridad y humildad, declaro que nada de eso es mérito mío sino de Quien aún sigue modelándome y enseñándome a permanecer en el verbo más difícil de vivir: AMAR. (continua. . .)

"La última página" (Parte 2)

Al mirar hacia atrás, veo días llenos de quehaceres, carreras, cansancios y soledad. Pero, por extraño que parezca, el sabor de los recuerdos es dulce pues, cada uno de ellos, me enseñó a disfrutar de la presencia de mi mami, el cuidado de mi papi, el amor incondicional de mi esposo, y la presencia de cada uno de los míos con la solidaridad que sólo un amor muy grande puede dar.
En este año y contra mi costumbre, asistí a tres bodas. La primera, madura de experiencia y determinación, aunque sin perder la candidez de la ilusión; la segunda, ejemplo del cimiento de la fe y la obediencia, llena de la naturalidad del amor limpio; y la tercera, toda una celebración del anhelo resguardado con celo por más de una década.
También en este capítulo, festejé con lágrimas de gozo que el talento de mi hijo fuera descubierto y, además, que viera coronados sus esfuerzos con un reconocimiento ganado a pulso de compromiso y persistencia.
Viví, casi conteniendo el aliento, el inicio de la última etapa en el renacimiento profesional de mi hija, con la esperanza de que su corazón aprendiera la lección más importante en el servicio: el amor y la entrega al prójimo. 
Ha sido en este pasaje de 365 días que he podido ver, de cuerpo entero, al hombre al que uní mi vida en juramento frente a Dios. Ante mis ojos, he vivido la fortuna de ver su naturaleza revelada pues, ante cada adversidad y cada reto, me demostró su integridad, su capacidad de compromiso y el tamaño de su fe.
Al final de mis cincuenta y uno, sigo confirmando que, ser abuela, es una de las bendiciones más sublimes que he podido recibir.
La lejanía de mi hogar me regaló tiempos de fascinante convivencia con mis nietos. He visto resurgir la sonrisa de mi nieto y me he reído a todo pulmón al hallar la esencia burbujeante de mi nieta. Por cada día de ausencia de mi propia casa, Dios me entregó la risa y la ternura de mis pequeñitos por consuelo. (continúa. . .)

"La última página" (Parte 1)

Tres intentos de llegar al teclado y, los recuerdos, se embotan en mi mente alterando el ritmo de mi pulso. Porque, sí, hoy es el último día de un capítulo de mi vida, uno llamado “Cincuenta y uno”, y me llegó el momento de recapitular y hacer el resumen antes de continuar el viaje.
El año inició con un reto y una pregunta.
El primer día del “Cincuenta y uno”, acepté el reto de acompañar a Lorenzo, mi perro y amigo, en la recuperación de su cirugía de columna mientras, al mismo tiempo y tras superar un padecimiento que casi la deja paralítica el resto de su vida, festejaba ver caminar a mi hija con la misma emoción que cuando celebré sus primeros pasos. Y, entre la alegría y la gratitud me preguntaba: ¿Qué hará ella con su nueva oportunidad y el resto de su vida? 
Durante estos doce meses, viví tres veces la zozobra ante el acecho de la muerte y me regocijé con agradecimiento a Dios por dejarme disfrutar, por otro tiempo más, la vida de mi madre. También vi a mi padre crecerse para combatir el cáncer y, en mi corazón, renació la admiración que de niña, más de una vez, me hizo decir con orgullo: ¡Ese es mi papi!
Entre tormentas, sinsabores, miedos y dolores, descubrí el secreto de los matrimonios que llegan a viejos. Encontré que, mi esposo y yo, habíamos recibido de Dios ese don de amor incondicional que haría perdurar nuestra unión, hasta que la muerte nos separe.
Noche tras noche, al cerrar la puerta en la soledad de la Toscana, viviendo lejos de mi amado, pude comprender que él y yo nos hemos convertido en uno y que lo que Dios llamó “el gran misterio” es ya una realidad para nosotros.
Por primera vez, sufrí una herida que me cortó el corazón de adentro hacia afuera pues, quien me traspasó, ha vivido en el centro de él desde que existe en este mundo. La última noche del 2011 fue una de las más tristes de mi vida y la viví dormida. Esa cicatriz es ahora parte de mí.
En toda la ausencia de mi hogar, extrañé a mi esposo y a mi hijo pero, a pesar de todo, me sentí unida a ellos. Otro milagro del amor entrañable. (continúa. . .)

lunes, 16 de abril de 2012

"Un tal. . . Zacarías" (Parte 4)

Aún en la penumbra, Zacarías tiene una sombra que lo sigue. Él la llama “mi mujer”.
Con el rostro del color de la tierra que los engendró, la mujer de Zacarías lo ha seguido por más de 40 años y, con sus ojos entrecerrados y la voz como correr de agua entre las piedras, repite: “Zacarías no quiere que corten su pierna”.
Su lenguaje, escaso de artículos y verbos, es el recordatorio de la eterna lealtad de su corazón hacia la sierra entre los mazahuas, sus hermanos. Y, como a su marido, le faltan, no sólo las palabras para decir lo que su mente encierra, sino también esos garabatos en el papel que siempre le han dado miedo.
Aun así, venciendo su temor, se sienta junto a la cama donde Zacarías no quiere dormir. No vaya a ser que si lo hace, los que quieren curarlo, le roben su pie. Y la mujer de Zacarías lo mira, lo escucha y entrecierra los ojos para ver si así logra entender lo que los de bata blanca dicen, pues no se atreve a preguntar.
Aunque parece que el enfermo yace abandonado, la verdad es que no es así. Evangelina, su mujer, como toda sombra leal, lo sigue y seguirá hasta que la tierra, y esperan sea la de su pueblo, lo cubra de rostro a pies y de preferencia. . . los dos. 

sábado, 14 de abril de 2012

"Un tal. . . Zacarías" (Parte 3)

-Él no sabe hablar- se excusan los que hablan y les sobran palabras para hacerlo.
Zacarías, con su lengua náhuatl, se tarda en encontrar las palabras en español para explicar que está herido y necesita ayuda. Mientras al otro lado del escritorio, con bata blanca y mucha prisa, el educado en medicina anuncia: “Te vamos a cortar la pierna, Zacarías, porque ya está muy enferma”.
¿Cómo andar entre los naranjos sin mi pierna? ¿Cómo cargarme todo el cuerpo con muletas, si mis manos ya no cargan como antes?, se pregunta.
La mirada de cristal no explica más y anuncia: “Te amputamos la pierna o te mueres”.
Zacarías no quiere vivir sin su pie y huye de las manos de los doctores que, para curarlo, lo quieren hacer aún menos de lo que la sociedad, culta y blanca, lo ha rebajado por ser indio.
El hombre que va dentro del cuerpo enfermo decide y sólo tiene una respuesta a las opiniones de los que saben de salud: ¡O con mi cuerpo, todito como lo parió mi madre, o mejor me muero bien!
Encerrado en su refugio, Zacarías resiste las amenazas de cortarle la extremidad enferma y sufre el dolor en el discreto silencio que aún le reserva el respeto y la dignidad.
¿Desde cuando el indio de mi México ha aguantado la crueldad del que cree ser más que él? Los años, parecen, son más de 500 y, aun así, ¡el indio aguanta!

viernes, 13 de abril de 2012

"Un tal. . . Zacarías" (Parte 2)

Dicen que las tragedias siempre vienen juntas y, para Zacarías, no hay excepción.
Su piel morena es sólo el comienzo de la gran tragedia pues, la historia de su infancia que lo marcó como iletrado e ignorante, se suma a un viacrucis que, sólo los que no son alcanzados por el beneficio de la educación, viven.
Zacarías, que apenas puede caminar, inicia su peregrinar con ese pie que ya no quiere andar y que lo ha martirizado como espina de huizache encajada por muchos días. Y frente a escritorios rayados, ocupados por los que saben escribir y hacer cuentas, en los hospitales del gobierno, recibe órdenes de ir a sentarse por horas a la sala atiborrada de otros que tampoco tiene derecho a preguntar o exigir atención.
La pierna se entumece, la infección avanza y todos los tejidos le mandan una nueva orden: ¡Vuelve a casa! ¡Necesito un lugar para quejar mi dolor! Y, como el perro callejero con la pata atropellada, Zacarías deja el lugar, sin medicinas, sin doctor, sin consuelo.
¡Que tragedia es ser indio en mi México! Pero, más tragedia es. . . ¡la ignorancia!

jueves, 12 de abril de 2012

"Un tal. . . Zacarías" (Parte1)

Extranjero en su propia tierra, como tantos otros, vive incrustado en una sociedad que no sabe de naranjales, abejas que polinizan sus flores ni de cómo erradicar los hormigueros ocultos bajo la tierra.
Sus manos y pies, encallecidos por un asfalto que le ha sido ajeno por 30 años, ahora sufren. Los dedos morenos, antes entintados de tierra y savia, ahora sólo cuidan de plantas arrinconadas en maceteros de concreto. Y sus pies, ¡oh, sus pies!, pagan el precio de su exilio. Esas plantas de los pies que antes se hundían en el lodo de su tierrita, ahora revientan en llagas, amoratados por enfermedades que sólo los de la ciudad deberían tener.
Pero, tanto tiempo en la ciudad, lo convirtió en uno de ellos en la enfermedad y lo hizo blanco de un antiguo mal. Uno que agrede con dardos de menosprecio por su piel color chocolate y rostro lampiño.
Zacarías, como muchos otros “Zacarías”, ahora paga el precio del pecado heredado por sus ancestros, indígenas mazahuas que ofenden a los de ojos claros y pieles blancas, sólo por ser distintos.
La tragedia de Zacarías inicia una tarde cuando, su pierna derecha, amanece dolorida y se agrava cuando necesita de la ayuda de los rostros de narices afiladas y, en algunos casos, con piel tal vez un poquito más clara que la suya.
Alguien ha llamado, a las historia de los ´zacarías´, “racismo” pero, en estos días, yo he aprendido a llamarlo con un nombre más largo y más profundo, al conocerlo más de cerca: “deshumanización”. 

viernes, 6 de abril de 2012

"Noche"

Las tormentas y huracanes han cesado, las heladas y el invierno se han ido y ceden el paso a nuevos aires.
La brisa recorre de puntitas los rincones y mece sin prisa las pocas hojas que recuerdan el pasado y, en un instante, el mundo se suspende en la calma de nuestros suspiros.
Nuestras siluetas se funden, nuestras almas se tocan y en el sueño del amor, arrullamos lo antes exhaustos cuerpos.
¡Qué bien suenan los silencios apenas interrumpidos por resuellos! La magia nos visita, los sueños cristalizan sus dibujos sin espacio y, desde lo más alto, el Señor nos pinta una sonrisa con el anuncio de un milagro.
No, ya no es invierno ni se viven luces de fiesta navideña y, sin embargo, esta noche, azulosa de luna, él y yo y siendo tres, vivimos nuestra noche. . . “Noche de paz”.