viernes, 31 de agosto de 2012

"Ojos verdes"


A la jugarreta de la genética, en aquel entonces, la llamé traición.
¿Cómo entender que, teniendo mi madre ojos verdes y cabello sedoso, los míos fueran pequeños y un sinfín de rizos rebosara de mi cabeza? Una respuesta me obsesionaba: ¡Aquello era una traición de mis genes y arruinarían mi vida!
Al paso de los años, se añadieron malas pasadas de los traidores. Descubrí que, ni mi cintura ni mis piernas, eran como los de ella, mi madre. Mis pantorrillas no eran torneadas y muchos centímetros rebasaban la medida ideal de mi talle. Y, comparada con las demás adolescentes, mi pecho lucía plano y sin aquellas hermosas formas que debí, por derecho genético, tener.
Durante mi primera juventud, aprendí a odiar y el blanco de ese primer ensayo fue. . . ¡Yo misma!
Tardes enteras pasé lamentando mi apariencia y vislumbrando mi futuro que, dadas mis circunstancias, sería de soledad. ¿Quién podría quererme con esos ojos pequeños, con esos indeseables rulos y un cuerpo tan recto? Mi lamento era un reclamo a la injusticia porque, por herencia, ¡yo debía ser bella!
El tiempo, dicen por ahí, lo cura todo. Aunque enfrenté la guerra contra los rizos, usando todos los métodos disponibles para lograr aquellos cabellos lacios que mis coterráneas lucían, poco a poco fui aceptando que era una batalla inútil y perdida. Y, con desesperanza, comencé a dejarlos ser, así, rebeldes y con sus testaduras espirales.
Mis ojos aprendieron a rehuir la imagen en el espejo y a posarse en libros. Decidí que esa era una opción de supervivencia ante mi trágica imagen y, como le ocurre a todos, los años pasaron. Concluí una licenciatura, después un postgrado, me casé, tuve hijos, volví a la escuela para hacer una maestría, crecí en mi vida profesional y me convertí en abuela. Y en todo ese caminar, no puedo saber cuando, me aprendí a querer.
Hoy miro mis ojos y descubro que, aquel destello de la juventud, se ha ido. Las curvas sobre mis caderas me son ajenas y con añoranza recuerdo mis líneas rectas. Al sentir dolor en las pantorrillas, una que otra vez al levantarme, me apena haberlas escondido entre las telas del pantalón. Y mis rizos, ¡ah, mis amados rizos! Son juguete de mi gato, tentación para mi hijo y deleite de mi nieta. Ahora se han amansado, al mismo ritmo que mi rebeldía. Son menos, muchos menos de los que intenté domar por tanto tiempo y, los pocos que quedan, se han convertido en el sello de quién soy.
Ellos son los que hacen memorable a la gente que recién conozco. Son la referencia “geográfica” para otra gente y, contra todo mi pronóstico, son un complemento de la personalidad que, a mis 52 años, llegué a formar.
Cuanto tiempo perdido, reconozco, en luchas y reclamos. Cuanta fortaleza desperdiciada en negarme y odiarme. Cuanta necedad se tiene cuando se es joven y cuán difícil es escuchar cuando alguien nos quiere asegurar que, cuando nos volvamos viejos, incluso eso que tanto detestamos de nosotros mismos, lo llegaremos a amar y anhelar.
“Envejecer, bien comprendido, es el arte de recolorear el pasado para saborearlo en el presente, aceptando como somos en el presente y esperando, con gratitud y gracia, el futuro”.

jueves, 30 de agosto de 2012

"Días nublados"


La amenazante sensación de la cercanía de los finales ha nublado el sol.
Tal vez no sea ésta la primera ocasión que me sobreviene un final pero, algo en el corazón, me empuja a encontrar la diferencia y, entristecida por el hallazgo, comprendo el porvenir.
Antes de hoy, lo que ha concluido finales en mi vida, ha tenido en el costado ese camino oculto por el que he podido volver al paraje de mi “siempre”. Y mientras lamento el final, he andado hacia la estancia de  lo conocido que me ha vuelto a sustentar en la esperanza.
Mi tiempo, lo que todos llamamos futuro, está muy cerca de cambiar y sé que el cambio extenderá su influencia hasta mi “siempre” porque, mi punto de partida, mi origen, el vientre que me acunó entre aguas tibias, ya no me esperará.
No soy la primera que experimenta ese final tan único y temido. Muchos, antes que yo, lo han vivido y, algunos, desde que vivían su primera infancia. Ese final ha sido tan experimentado que, aquellos que lo han sufrido, le han dado un nombre: orfandad.
Los destinos que incluyen la orfandad, siempre, recuerdan el momento en que su vida cambió. Todos, sin importar la edad, lamentan el no tener más aquella voz que, por las noches, Dios escuchaba pidiendo cuidado para sus hijos. Y, aunque haya pasado mucho tiempo de haberse convertido en un huérfano más, la sensación de vivirse incompleto le sigue acompañando de por vida.
Sí, mi madre, parece haber iniciado el caminar del último sendero y, acongojado, mi corazón, reconoce que los tiempos se agotan, los minutos de mirarla están contados y que, las oportunidades de sentir esa piel delgada y aterciopelada, cada día, son menos.
Afuera hay sol pero, en mi alma, una niebla fría me envuelve.

martes, 28 de agosto de 2012

"Nuestro legado"


Los hay de barriga redondeada, con cabello plateado o sin un solo pelo en la cabeza, también vienen con bastón o con silla de ruedas, de piel arrugadita o muchas manchitas en el dorso de la mano. Otros aún corren por las mañanas en sus Adidas y bailan vigorosamente durante las fiestas.
La presentación es tan variada, que parece que cada abuelo es único. Y, tal vez, esa sea la razón por la que, cada niño, merece uno. Pero, a fin de cuentas, he descubierto que pocos adultos comienzan por describir la imagen de sus abuelos pues, lo primero que recuerdan, son su acciones.
Así, quienes han sido bendecidos teniendo a sus abuelos cerca, hablan de: la sopa favorita que su abuela le preparaba a cada visita; como aprendió la pasión por la lectura sobre las rodillas de su abuelo, quien le leía libros de aventuras; el descubrimiento por su vocación de biólogo cuando acompañaba a su abuela para podar el jardín; reconocer la compasión de su corazón al recordar la benevolencia de sus abuelos frente a sus errores y travesuras, o el amor de Dios que los abuelos le enseñaron y que, en momentos de dificultad, rescató para retomar el camino.
Las anécdotas son interminables pero, el efecto en la vida de las personas, es uno: Un legado de amor que los enriqueció y formó para su vida de adultos.
La maravilla de los abuelos es que, lejos de los discursos, aran el corazón de sus nietos con presencia, lo siembran con acciones y ejemplos, y lo riegan generosamente con tiempo, sin prisas ni apuros.
Sin duda, los nietos son un enorme regalo pero, los abuelos, si quieren hacer un buen papel, deben prepararse desde la juventud. Su éxito se perfila cuando, a lo largo de su vida, van guardando en el cajón de su legado cosas valiosas como: un buen testimonio de vida, algo de sabiduría, mucha paciencia, una buena carga de benignidad y bondad, una dosis alta de fe en Dios y, por sobre todas las cosas, amor infinito para compartir.
Hoy es el día de los abuelos y, a diferencia de otros, no es feriado pero. . . ¡No importa! Los que somos abuelos, sabemos que cada día con nuestros nietos es una celebración de vida, especial y maravillosa.
Así que, ¡FELIZ VIDA DE ABUELOS a todos nuestros compañeros de misión!

viernes, 10 de agosto de 2012

"Oficial"


Aunque mi hija ha estado activa en su práctica profesional como médico, durante el servicio social, fue hasta hace unas horas que pudo escribir: “Ahora sí. . . es oficial”.
¿Acaso no estaba capacitada antes para actuar profesionalmente? ¿Hubo algún cambio después de recibir el documento que la acreditaba como médico? La respuesta es: No y si.
No, porque los conocimientos y experiencia han estado ahí. Y, sí, pues atrás de esa actividad, faltaban las instituciones que la respaldaran y acreditaran diciendo que ella es capaz.
Y, curiosamente, hoy me encuentro anunciando que “oficialmente” dejo la Toscana y tengo un nuevo hogar. Aunque la dejé hace algunos días, físicamente, mi corazón inició la mudanza unos días antes y pero, hoy, al firmar el contrato de nuestra nueva residencia, estamos marcando el inicio de un nuevo ciclo.
Deambulo por las reflexiones sobre la “oficialidad” de las cosas. Viene a mi los recuerdos de: haber firmado un papel de adopción, responsabilizándome de un perrito; los contratos donde, por un tiempo determinado, me comprometí a poner mis capacidades y tiempo al servicio de una empresa; la noche en que mi esposo pidió mi mano a mis padres y fui “oficialmente” su prometida; cuando puse mi huella cuando registré a mis hijos y mi firma para que, ante la sociedad y mi esposo, reconociera mi vínculo matrimonial, con todo lo que ello implicaba.
El mundo de hoy, con sus prisas y superficialidad, parece estar olvidando la importancia del compromiso “oficial” hacia muchas circunstancias y relaciones. Y, creo yo, puede ser una de las cosas que ha debilitado la permanencia de lo importante.
Hoy, que están ocurriendo tantas cosas “oficialmente” en mi vida, me pregunto: ¿Qué sería del mundo si, como hace muchas décadas, fuera nuestra palabra, con todo el valor que antes tuvo, la que nos permitiera declarar “oficiales” nuestros compromisos y relaciones?
Creo que, "oficialmente", puedo declararme anacrónica y anticuada porque, de corazón, prefiero que las cosas y proyectos sean “oficiales”.

viernes, 3 de agosto de 2012

"Metros cuadrados"


Empiezo a creer aquel dicho que reza, “lo mejor viene en pequeños envases”.
Las esencias de los más caros perfumes, las grandes revelaciones que nacen de una sola idea y, ¿no hasta dice Dios que la fe, del tamaño de un grano de mostaza, mueve montañas?
Entonces creo que, la sabiduría, también me ha llegado en la presentación de un pequeño niño, mi nieto.
Tocándole el turno de tener una “pijamada” en mi casa, habiendo sido primero el de mi nieta, una noche antes, mi querido niño fue eligiendo las actividades que entretendrían nuestro tiempo juntos durante la velada y al amanecer siguiente.
Así, sobre la cama matrimonial que tiene los menos de tres metros cuadrados reglamentarios, jugamos en la computadora con los personajes de moda, armamos rompecabezas, me vio errar en mis habilidades para conducir un carrito cibernético y, no pudo faltar, leímos el nuevo libro de “Valiente”.
Cabe aclarar que, fuera de mis rápidas visitas a la cocina para llevar la merienda a la recámara y un par de escalas técnicas al baño, él y yo permanecimos por horas enteras acostillados, uno al lado del otro, en menos de un metro cuadrado y siempre sobre la cama.
Viviendo en una casa, la casa de mis sueños, con varios cientos de metros cuadrados disponibles, nuestra convivencia requirió uno sólo de ellos y un poco más, cuando requerimos estirar las piernas.
Por la mañana, en permanente risa, miramos los “Videos más graciosos con animales” y la regla de utilización de espacio siguió cumpliéndose: menos de un metro cuadrado sobre el sillón y una mesita plegable para desayunar juntos.
El evento, por más simple que parezca, sembró una semilla de sabiduría que germinó rápidamente en las siguientes dos horas, dando como primer fruto, la decisión que había yo postergado por meses y meses: Dejar la Toscana, mi hogar por los últimos casi dos años, por decisión propia y no por resignación.
Mi nieto, entre muchas cosas maravillosas, hoy me trajo la certeza de que, cualquier espacio y en cualquier parte, siempre podremos llevarnos lo más importante. . . nuestra mutua compañía.
Cierto es que quisiera haber podido morir en esta casa tan llena de magia y ensueño pero, hoy me doy cuenta, lo valioso de ella no son sus piedras y rincones, sino aquellos seres tan especiales con quienes la comparto.
Gracias, mi niño, porque  desde que existes, has traído bajo el brazo lo mejor de mí. Echemos a andar, chiquillo, que yo te sigo y ¡Empaquemos nuestros maravillosos recuerdos para ir al encuentro del siguiente capítulo!

jueves, 2 de agosto de 2012

"De sueños y despertares"


Hasta las mujeres más cerebrales y analíticas tenemos sueños. Y, aunque muchas ahora lo nieguen, todos ellos incluyen una “media naranja”.
Los vientos de autosuficiencia de nuestra época, según las feministas, se empeñan en desterrar al “otro ser emocionalmente significativo” para convertirnos en astas, erguidas y solitarias, que niegan una necesidad que, el Creador del universo mismo, puso en nuestro corazón.
Así, mientras muchas van negando tal programación, todas vamos avanzando a la madurez soñando con el hombre que vaya llenando de palomitas y aciertos nuestra lista de necesidades como mujer.
Fue así como, después de palomear mi lista de tres columnas (indispensable, importante y opcional), yo inicié un sueño hace ya varias décadas. El candidato de mi lista se convirtió, por elección, en el hombre de mis sueños.
El tiempo, juntos, inició y más pronto de lo esperado, nuestros sueños se fueron rompiendo. Las expectativas de mi listado inicial se mantuvieron pero, por alguna extraña razón, mi vida con él no tuvo el curso que creí asegurado.
Aun siendo un esposo y padre responsable, me irritaba la toalla mojada sobre la cama o el clóset invadido de papeles de trabajo. Y, a pesar de que era puntual a nuestras citas, muchas ocasiones mis hormonas superaban mis intenciones de pasar velada en paz.
Él, seguramente, podría completar con soltura todos los desencantos que vivió por mí y sus luchas contra las rutinas diarias que lo ocuparon en horas de tráfico para llevar a alguno de los hijos a una práctica o vivir apuros para llevarlos a la escuela.
En nuestros sueños, a fin de cuentas, se colaron todas las realidades que un matrimonio debe enfrentar: quedar cortos en el presupuesto, el cansancio diario, los desacuerdos en la educación de los hijos, la familia política, las diferencias en el ritmo de nuestras hormonas y un sinfín de cosas más. Y así, ese cuento de hadas, se convirtió en la vida cotidiana que hemos compartido.
¿Es entonces válido celebrar nuestro aniversario, a pesar de que no se cumplieron nuestros sueños? Me detengo frente al espejo y observo mis arrugas, mi semblante y mi mirada. Y esas pequeñas marcas junto a mis ojos y mis labios me confirman que sí, pues tienen el ángulo de muchas sonrisas. Reconozco en mi rostro el rictus de satisfacción y, mi mirada, me dice con su humedad que han llorado lágrimas, las más, de felicidad y orgullo.
Si yo fuera la misma que hace más de veintitantos años, me quejaría y renegaría de mi suerte al creer que, “el hombre de mis sueños”, se convirtió en pesadilla. Afortunadamente, no soy la misma mujer que creyó que el mundo debía ser como mis ilusiones lo dibujaban y que, con algunas canas y muchas arrugas más, puedo declarar convencida:
¡Gracias a Dios por el hombre de mi realidad porque, más allá de los sueños, él es el mejor ser humano que conozco! ¿Mi media naranja? No lo sé pero, sí, mi mejor amigo y mi mejor opción.
¡FELIZ ANIVERSARIO!

"De finales"


Hoy es el primer día del futuro próximo y el último de un ciclo que inició, venciendo un sinfín de contratiempos, hace un año. Y, aunque mi promesa de apoyo la entregué mucho tiempo antes, fue hasta ese primer día del ciclo que cierra, que mi voluntad y mi corazón se comprometieron a cumplirlo a la manera de los alcohólicos remisos: “Un día a la vez”.
Esa odisea profesional, aun siendo parte del proyecto personal de mi hija, se convirtió en la prioridad de toda una familia. . . la mía. Porque a lo largo de 365 días, los planes giraron en torno a las necesidades de cubrir pequeñas y grandes tareas, a veces de compañía, otras de transporte y, las más silenciosas, de oraciones nocturnas.
Cumplir la promesa, ahora sé, fue el catalizador de muchas emociones y, transcurrido el plazo, puedo declarar que ninguno de nosotros es el mismo.
A los que les tocó renunciar, además de un corazón más generoso, ahora tienen la satisfacción de dulces memorias  llenas de sacrificio. Para quienes vivieron sirviendo, sin duda, pueden asegurar lo que la Palabra dice: “Porque es más bendecido el que da, que el que recibe”.
Los momentos en que tuvimos que decidir las prioridades no siempre fueron fáciles. Ese poderoso engendro dentro de nosotros llamado “ego”, muchas veces, nos quiso convencer con el argumento de “primero yo”. Pero el otro consejero, el amor, libró todas las batallas y nos alentó recordándonos la promesa de amor incondicional.


Sin lugar a dudas, puedo decir que estoy muy orgullosa de mi hija. Alabo su perseverancia, su compromiso y todas las veces que se levantó de las caídas (¡Y vaya que fueron muchas!). Y junto a ese orgullo, sumo la admiración que siento por cada miembro de mi familia porque, en amor, cerró filas y entregó su amor con acciones, cada día de esos 365 días.
El fin común concluyó y se abre una nueva etapa que, estoy segura, incluirá nuevos propósitos y razones para trabajar, luchar, reír y sufrir juntos. No es claro aún quién será el siguiente blanco de nuestro apoyo y servicio pero algo sí sabemos: Somos una familia que se ama y estaremos, en amor, junto a cualquiera de los miembros de ella que nos necesiten. . . con amor incondicional.
¡Gracias, Dios, por cada uno de ellos!
¡Muchas felicidades, Doctora! Y ¡Buen trabajo, familia!

lunes, 23 de julio de 2012

"Perspectiva"


Después de pasar 27 días en el limbo de la tristeza y la desesperanza, la sentencia de mi pequeño nieto, me empujó hacia el futuro con otra actitud.
Tienes mucha suerte, Gramma, ¡vas a tener una nueva casa!”.
Sin haber encontrado el momento ideal, (¿acaso hay un “momento ideal” para dar una mala noticia?), finalmente opté por anunciarles a mis nietos que estábamos a punto de recorrer una casa, esto, a manera de preámbulo para revelarles que, “La Toscana”, dejaría de ser el lugar de nuestros juegos y refugio secreto de complicidades.
Contra mi expectativa, mi pequeñito de 6 años, me mostró una perspectiva que incluía la novedad, la oportunidad y, sobre todo, lo importante: que el lugar justifica su valor porque seguiríamos estando los tres, como tres mosqueteros, mi nieto, mi nieta y yo.
Lágrimas y ternura rebasaron los muros de mi control. ¡Quién pudiera tener el optimismo y la sabiduría de un niño! ¿Será por eso que Jesús nos advirtió que debíamos ser como niños y que de ellos es el reino de los cielos?
Falsa sería si negara el dolor que aún me causa pensar en dejar este lugar pero, también confieso, mi apertura para encontrar un nuevo paraíso surgió de las palabras de mi nieto porque. . .Sí, tengo mucha suerte porque voy a tener una casa nueva y a ellos para disfrutarla.
Ya he rebasado los cincuentas y, a cada paso, me doy cuenta de lo mucho que aún tengo que aprender. . . de los niños.

jueves, 19 de julio de 2012

"Probada de futuro"


Sólo una cosa es segura, dicen por ahí, y es que, todos, algún día, habremos de morir. Y no tengo argumento ni réplica al respecto. Pero, el tiempo y la forma, son algo que a todos nos será revelado, en su momento, y serán tan únicos como nuestra propia vida.
Para algunos afortunados, diría la mayoría, la muerte los encontrará en su propia cama y cuando ya hayan contado muchos, muchos años. Y, en eso, comienzo a tener algunas dudas, porque ¿cuántos han probado la vejez antes de caer en ella, como para asegurar que es de gran fortuna?
Me han bastado sólo siete días de reposo obligado por enfermedad para entender que, la vejez, es tal vez una de las pruebas más intensas de la vida.
Para cuando llega, el cuerpo, las más de las veces, ha quedado rezagado a las capacidades de la mente y, es entonces el momento de vivir el albur de la dependencia en la buena voluntad y disponibilidad de los que nos rodean.
Para quienes cuentan con el amante esposo que aún recuerda la parte que citó en sus votos, “en la salud y la enfermedad”, tal vez el tránsito sobre la ancianidad cuente con algo de certidumbre pero, ¿qué pensar para el viudo o la mujer sin hijos? Olvidado el mandato de Dios sobre el cuidado del necesitado, ¿qué esperan los solitarios en sus últimos días?
Tratar de vivir al ritmo del mundo de los sanos y jóvenes, también, puede ser un reto inconquistable. Y ni hablar de la soledad que implica el quedarse atrás.
Mi mente, bloqueada siete días por el desgaste de las presiones sostenidas durante dos años, me mostró una realidad y una dimensión desconocida. Una que me espera, si soy de las “afortunadas”, con sus limitaciones, su soledad y su olvido dentro de muchos años.
Empiezo a pensar que, la frase de Camilo José Cela, tiene mucho de verdad: “La muerte es dulce; pero su antesala, cruel. Camilo José Cela (1916-2002) Escritor español.

domingo, 15 de julio de 2012

"Réquiem"


Ayer lloré por ella, con el dolor sordo de quien despide al fallecido aunque, debo confesar, nunca supe ni el lugar, ni el momento de su muerte. Creo que, como se dispersa el vapor, ella fue desapareciendo hasta volverse recuerdo.
De algo estoy cierta y es que murió joven. . . prematuramente, aunque no sé si hubiera tenido un destino distinto al que ya tenía marcado. No lo sé. Pero, de haber llegado a los cincuentas, su cabello habría lucido atado sobre su nuca y los mechones lacios habrían sido como los de las reales melenas, nítidamente acomodados y sin perder su natural cadencia.
Su voz, habría iniciado las conversaciones son la suavidad del viento, nunca intrusiva y siempre atinada. Las arrugas, apenas matizadas por un maquillaje natural, serían como un marco sobrio a sus ojos sosegados y risueños.
No serían sus ropas sofisticadas sino de elegante sencillez con sus cortes rectos, como intentando esconder las suaves curvas de su cuerpo delgado y firme, a pesar de haber criado dos hijos.
A su tiempo, habría repasado entre sonrisas largas listas de pendientes de boda con su hija y elegido, sin prisas, la tela del vestido. Con mano suave, hubiera arreglado gozosa su velo y pronunciado una bendición sencilla pero cierta.
Con innumerables fotos guardaría el recuerdo de la cena donde, con fascinación y sorpresa, recibiría la noticia de la llegada de su nieto. Y no pasaría un solo día sin suspirar por conocerlo.
Y también, de haber contado tantos años, sería una brillante antropóloga porque, cuando yo me pensé en el futuro, aún no entendía lo que una psicología hacía, así que me soñé estudiando y aprendiendo del hombre para después revelarlo en un libro.
Pero, esa mujer reposada, instruida y sabia, de cabello dócil y lacio, manos quietas y figura larga, sin darme cuenta, se me fue esfumando y se perdió en la nada. Y por eso, ayer, lloré por la mujer en la que jamás me convertí, por sus sueños, sus anhelos fantasiosos y los planes de transformarse de gusano en mariposa. Y lloro, hoy, por la sabiduría truncada, por los rizos necios, por mi mente y mi cuerpo agotados, por las bodas que jamás serán, por las noticias abruptas y crueles, por los sueños rotos y por todo lo que aquella mujer, a su muerte, se llevó consigo.

viernes, 13 de julio de 2012

"El viaje"


Tres llamadas, tres citas, la solicitud de asilo y, en instantes, se configuró el viaje con la escala que dejaría una profunda huella.
Sin importar las distancias recorridas, dos de las tres reuniones fueron canceladas en el último momento y, aconsejados por el cansancio y la necesidad de volver a casa, casi obviamos la visita familiar. La insistencia, siempre amable, de mi cuñada, nos hizo cambiar de opinión y el plan de pernoctar en su casa continuó, abriendo el capítulo con una bienvenida totalmente inesperada.
Las tres niñas, mis sobrinas, alborotadas por nuestra sorpresiva estancia, convirtieron el ventanal del cuarto de visitas en un mural con nuestros nombres, la figura de la princesa Rapunzel y una leyenda en inglés de bienvenida: “Welcome house”. ¡Un recuerdo inolvidable!
Entre sonrisas y la naricilla fruncida, la nueva gracia del Benjamín de la familia, nos enteramos de las últimas noticias de la numerosa pandilla: La mayor, concluyendo el año escolar con honores; la segunda, con la vida de cabeza pues, su nueva costumbre, la tiene literalmente cabeza abajo y pies al aire en cualquier mueble disponible; la tercera, con un vocabulario más extenso pero sin cambiar su estilo de proclamación, nos anunció de juguetes e intereses. 
Su mami, relajada en medio del torbellino de solicitudes, nos relató anécdotas infantiles y él, mi hermano y orgulloso jefe de familia, nos convidó de una copa de vino cuando, una a una de las niñas, se fueron despidiendo para ir a dormir.
La madrugada nos sorprendió hablando de las cosas que nuestro corazón había guardado durante los últimos dos años. Al filo de la mesa derramamos nuestros dolores y heridas, nuestras esperanzas y, de vez en vez, nos reímos de nuestros propios miedos. ¡Cuánto valor puede infundir al alma, una compañía que nos asegura en amor y respeto!
Ya con los planes trastocados, nos dejamos llevar por la inercia de la convivencia. El desayuno del día siguiente, aderezado de bullicio y conversación continua, se ligó a la hora del refrigerio. Y entre bocados de fruta picada, fue nuestro turno de escuchar los pormenores de la vida de la peculiar familia.
Tras el deleite de aquel remanso, llegó la despedida y largas horas de reflexión se dieron en mi corazón sobre una interminable carretera de vuelta.
Un duelo no terminado se mezcló con el gozo por la felicidad ajena. Pensar en aquellas seis personas tan amadas, entretejidas en un tapiz de personalidades y con la fortaleza de los hilos unidos en una sola meta, me hizo confirmarle al corazón: Mientras una familia, aunque sea sólo una, sobreviva, la sociedad mantiene una esperanza.

jueves, 21 de junio de 2012

"Inspiración"


Dos vidas ajenas, dos ejemplos distintos que confluye y atizan la llamada “inspiración”.
Ella tiene 98 y una historia de guerras, exilio y dolor. Ahora vive en los suburbios y, guardado en los recuerdos, un campo de concentración. Todos la llaman “la del quinto piso” pues, sin falta, desde su ventana, con sus dedos callosos sobre el piano, hace a las melodías flotar.
Su música fue su salvamento, su refugio y su pasión. Y, ahora en su vejez, es su eterna compañera y el deleite de quien la visita en su rincón.
La otra vida es mucho más joven. Ronda la plena juventud. Es risueña, muy menuda y sus dedos, con soltura, recorren el piano con tesón. Su nombre es un nombre simple, su mirada transparente mas, su música al surgir, la reviste de intensidad.
Hace unos pocos días, ellas llegaron a mí, las dos contando su historia y transmitiendo su pasión. Ambas tocan el piano, sin importar su edad y, después de mucho pensarlo y al escucharlas tocar, pienso en mi viejo anhelo de interpretar a Chopin.
¿Acaso con los años, los sueños no habrían de envejecer?
Hoy me doy cuenta que, a pesar de mi poca vista y el grosor en mis falanges, aún late en mí aquel deseo de la técnica vencer.
Tengo 52. Dudo, pienso, me detengo. ¿Será esta una locura, de quien corre a la vejez? ¿Tendrá sentido intentarlo, pasada ya la madurez? 
Entonces pienso en la anciana y también en la chiquilla. ¿Cuántos años me quedan de vida y cuantos para volverlo a intentar? Tampoco ellas lo saben, no por ello se detienen. Simplemente juegan y se esmeran para su arte enaltecer.
Tomo mis libros, algo viejos y arrumbados. Limpio mis anteojos y aspiro, para mis nervios templar. Llego a mi primera clase y, el maestro, con mirada algo curiosa, no se atreve a preguntar.
Al final, él se decide y me empieza a cuestionar: ¿Qué quieres en esta clase? ¿Qué pretendes alcanzar?
-Tocar el piano-, le digo. -Con una técnica lustrosa, con matices de vejez pero, con tanta excelencia, que pueda volver a Chopin.

miércoles, 20 de junio de 2012

"¡No me lo digas!"



Una llamada para pedirle ayuda con mi padre y en la bocina escucho la respuesta de siempre: “Lo primero es lo primero”. Al cortar, él hace una llamada y su cita importante queda cancelada para estar libre e ir a atender a su suegro.
* * *
La videoconferencia ha iniciado y la vocecita en la otra habitación lo alerta. Es él, su pequeño nieto llamándolo. Con cortesía, pero con presteza, se disculpa y desaparece de la pantalla para ir a su lado porque el niño lo ha llamado. Él necesita compañía y lo invita a jugar. Los asuntos de trabajo pueden postergarse, su necesidad no. “Ya habrá tiempo de continuar, esta noche”, y así inicia la diversión. . . Y el amanecer lo encuentra trabajando.
* * *
Es momento de detener la carrera sobre la interminable lista de pendientes pues, la hora de ir a recoger a su nieta a la clase de baile, ha llegado. Los negocios son importantes pero jamás más que ella. ¿Cómo perderse esa sonrisa vestida de tutú? De la mano, se dejará guiar hasta el mostrador y comprará esa paleta de colores. Hay cosas valiosas pero nada como ese instante con ella.
* * *
El aparador, con sus luces y el cristal, hacen lucir al novedoso aparato aún más atractivo. Su diseño, la pantalla y su capacidad de procesar lo convierten en algo irresistible. Si lo tuviera, ¿no sería más fácil su trabajo? Pero. . . muchos rostros, entre ellos los de sus hijos, inician la justificación para no caer en la tentación. La universidad, los cursos y su bienestar se agregan al discurso para convencerse de que hay prioridades y, en voz alta, declara: -realmente yo no lo necesito”.
* * *
Suena el despertador y, con enormes trabajos, logra levantarse. Son las cinco de la mañana y no deja de llover. Todo invita a volver a dormir pero, el pensamiento de los suyos, los que cuentan con él, lo hace moverse más rápido y antes de las seis de la mañana ya está en el camión que lo llevará de vuelta a la oficina. Se arropa con la chamarra para vencer el frío y sonríe, “Por una noche, unas horas más con mi mujer, valió la pena”.
* * *
Lo suyo nunca han sido ni las palabras, ni los detalles románticos. Las tarjetas de cumpleaños apenas incluyen un par de líneas cortas y una firma. No sabe elegir los regalos y a veces olvida poner una inscripción en las flores. Pero, después de casi 30 años juntos y recordar como vive en entrega incondicional para lo suyos, ¿para que quiero que me diga que me ama?
Amo a mi esposo y sé cuanto me ama. . . ¡Cuánto nos ama! ¿Quién necesita palabras?
Así que, no importa, ¡No me lo digas, amor!

Muy amada. . . a los cincuenta y dos.

martes, 19 de junio de 2012

"Micas"


En un acto de osadía y alentada por el brillo de la pantalla recién estrenada de mi marido, retiré el plástico con el que protegía la de mi propio aparato. Y, ¡sorpresa! Era tan brillante como el iPad de mi esposo y, la definición, me pareció espectacular.
Con el ánimo de conservarla en el mejor estado posible y por más tiempo, y considerando que prestaría mi iPad a mis nietos, al momento de sacarla de la caja, le coloqué una mica protectora y hasta entonces accioné el botón de inicio.
Dos años después, por primera vez, veo su luminosa apariencia y, no sin cierto temor, me dispongo a disfrutar de la resolución que la tecnología de la tableta electrónica tiene.
Y, mientras me divertía agregando aplicaciones nuevas que utilizaran muchas imágenes, comencé a pensar en mi manía de prevenir y agregar seguridad “extra” a todas la situaciones. “Por si acaso” se convirtió, y no se ni cuando, en la etiqueta aceptable para disfrazar mis miedos.
Así, inicio un repaso de aquello que ha recibido un tratamiento de cuidados extremos y me topo conque, mi corazón, forma parte de esa larga lista, dando como resultado relaciones interpersonales algo superficiales. Parece que, en la intención de protegerme, tengo la tendencia de mantener a la gente nueva que llega a mi vida, a distancia. . . bajo una mica.
Al final, descubro que me he perdido de gozar de muchas cosas buenas por poner una “mica de protección” y jamás estrenar las novedades por no jugarme el riesgo.
Ahora me río de mi pequeño absurdo pero, no por nada dice el dicho: “El que no arriesga, no gana”.

domingo, 17 de junio de 2012

"Él"


Un día, él, se convirtió en papá y, en pocos años, ejercía su rol con dos hijas y un hijo.
Aunque su sueño fue la medicina, con entusiasmo se esmeró en la profesión que le permitía proveer a todos los de su casa y, sus cuidados, fueron más allá de los pesos y centavos.
Al final del día, al volver del trabajo, él entraba en la habitación de su hijo y se concentraba en enterarse los pormenores de su día. Y, por la noche, la merienda aderezaba su convivencia con platillos sencillos pero con mucha compañía.
Cuenta su historia, como padre de ese niño, con pasajes de sábados en los que lo llevaba a deslizarse por las lomas en patineta, juegos de piscina en los viajes a Acapulco y escapadas a la taquería favorita.
También, a él, le llegó el tiempo de tomar decisiones y con tiento, pensando primero en los suyos, sacrificó presencia para iniciar la aventura hacia una nueva vida en otro lugar. Seguramente, él vivió noches de soledad y añoranza lejos de casa; no es difícil imaginar que por momentos dudara y se convenciera, nuevamente, de que el sacrificio lo valía todo por el bienestar de sus hijos y su esposa.
"Mi gran regalo de vida: el mejor padre para mis hijos"
A lo largo de su vida, él también pensó en su vejez y en la libertad financiera de sus hijos. Con prudencia y constancia, preparó sus tiempos de retiro para convertirse en un motivo de disfrute y no de carga para ellos.
Él, sin saberlo, fue forjando con sus acciones, sus cuidados, sus ejemplos y su amor, mi gran regalo de vida: el mejor padre para mis hijos. Sí, ese fue su gran herencia y ahora, con toda aquella maravillosa experiencia padre-hijo, como semillas en el alma de mi esposo, han germinado las cualidades de un padre excepcional.
¡Gracias, suegro, por el padre de mis hijos! Sé que, si vivieras, estarías orgulloso de tu hijo al ver que, tu legado, está siendo sembrado sin reservas en el alma de mi propio hijo.
¡Feliz día del padre a ustedes, varones ejemplares y pilares de la vida de mis hijos!

viernes, 15 de junio de 2012

"Historias de amor. . . ¡Diez años después!"


Diez años después, ella declara: “Decidí unirme al hombre de mi vida 
y no me equivoqué”.
Ante un anuncio semejante, más de uno, pensará que ella tiene el matrimonio perfecto y ¡tiene razón!
En una década, casi puedo asegurar, se habrán escuchado: el estallar de puertas después una discusión, citas al cine canceladas a gritos y muchas exigencias entre las cuatro paredes del “nido de amor” que, esa pareja, se comprometió a formar.
Ella, tal vez, le habrá reclamado que dejara los zapatos a la mitad del pasillo y que la hicieran tropezar. Él, es posible, se enfadara por el monto a pagar de la tarjeta de crédito y que ella olvidara el compromiso de austeridad.
Tampoco es difícil imaginar escenas de rabietas, enojo y mal humor después de una noche de desvelos por la enfermedad de su hija y, ¿acaso sonaría imposible que, en algún momento, pararan a mitad del camino por la duda de querer seguir en el proyecto común? 
Aunque no parece como una “historia de amor” ideal a primera vista, en realidad, lo que la convierte en “la verdadera historia de amor” es que, hoy, estén celebrando el seguir juntos. . . a pesar de todo.
Si por lo menos las parejas, que inician el camino de su alianza, corrigieran la falsa idea de lo que es el amor; si conocieran el significado que Dios le dio a tan maravillosa y, a la vez, difícil relación, muchas, jamás tomarían el reto de intentarla pues, ¿qué de atractivo tiene el amor en su verdadera definición?
Es por eso que, entre gritos y sombrerazos, con besos y portazos, aderezado de promesas, regalos y reclamos, un aniversario de matrimonio, ¡SIEMPRE ES DIGNO DE CELEBRAR!
“El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca la suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” (1 Corintios 13:4-7)

jueves, 14 de junio de 2012

"Pequeñeces"


Cuando hablamos de cosas de poca importancia o sin trascendencia, las llamamos: “pequeñeces”. Pero, ahora veo, no siempre es así.
Hoy, por ejemplo, mi sentido del tiempo cambió al enterarme de que, a mi nieto, le extrajeron dos dientes. Sí, ¡Mudó sus primeros dos dientes! Esas dos pequeñas piececillas, saturadas de calcio, trajeron imágenes vertiginosas que revolvieron mi mente y atontaron mi conciencia. ¿Acaso no fue apenas hace un corto tiempo que, en la pantalla de un ultrasonido, vi algo parecido a una mariposa agitada que se movía y me explicaron que era su diminuto corazón latiendo? ¿Es posible que hayan pasado tantos días desde que apagó una velita solitaria en su pastel y nos maravillábamos con sus primeros pasos? 
La noticia de que, esta noche, él dejaría una  cajita en forma de ratón con los dientes pequeñitos dentro de ella, esperando amanecer con algún billete para comprarse un juguete, me hizo caer en la cuenta del yugo inmisericorde del tiempo.
Al igual que la vida me tomó por sorpresa cuando su madre cruzó el umbral para salir del nido y cuando mi hijo cerró la maleta para ir a vivir al otro lado del mar, esta noche, otra vez, me ha gritado fuerte y claro que, mi chiquitín, antes de que alcance a darme cuenta, también crecerá hasta convertirse en hombre.
Me duele el corazón y mis huesos, en un instante, resienten los años que me han sostenido. Compasiva, mi alma, intenta hacerme sonreír con los miles de recuerdos que hemos guardado en ella: Tardes entre juguetes y calcetines llenos de arena; dibujos colgados en el refrigerador como trofeos y cantos musitados mientras lo acuné en mis brazos; travesuras escondidas bajo nuestra complicidad y risas, ¡muchas risas! al disfrutar el estrepitoso caer de las fichas de una torre.
Hoy tengo más canas que ayer y una lista, cada vez más larga, de cosas que he dejado pendientes por ser abuela. Aun así, ni por un segundo, cambiaría nuestros juegos y vida juntos. Porque, ¿no son esos dientes un recordatorio de que, muy pronto, Gramma será parte del recuerdo de su infancia y él seguirá su camino?
"Señor Dios, ¿porqué la vida tiene tanta prisa? Tú que tienes el poder y tuyo es el tiempo, ¿Por qué no me haces un regalo, uno muy especial y alargas su infancia?".

martes, 12 de junio de 2012

"De 68 a 132"


Dicen que, los verdaderos cambios, surgen desde adentro y creo que es un acierto. Pero esto no es sólo a través de una introspección que cambia la esencia de nuestras convicciones. También se dan de forma colectiva cuando, un elemento del sistema, inicia la sinergia dentro del grupo al que pertenece.
Y, la familia, como todos los sistemas, no es la excepción.
En nuestro caso, el despertar de la conciencia de uno de nuestros miembros, causó un estado de reflexión y análisis que había quedado adormecido al vapor de las fórmulas más generalizadas de reacción: argumentos rápidos descalificando en base a un pasado y aniquilando cualquier futuro; respuestas desde el temor por un arraigo a lo conocido, incluso siendo malo, y hasta las bromas populares más grotescas.
Lo curioso fue que, ese motivador al razonamiento y búsqueda de mejores respuestas, es el más joven de la familia y, probablemente, el que la sociedad descalificaría con la etiqueta de “inexperto”.
Ahora, movidos por los vientos políticos y la urgencia de una decisión sobre a quien otorgar un voto que determine nuestro futuro, estamos aprendiendo, nosotros, -los de la generación que aprendió a callar y agacharse después de observar con ojos de horror lo que sucedió a nuestros antecesores en el fatídico ´68 - a revisar con un sentido crítico y responsable las opciones que se nos presentan.
Ojalá y mi generación, al igual que la de los jóvenes estudiantes, aprendiera de ellos su responsabilidad y empeño político, de la misma manera en que nosotros, en el seno familiar, rompimos la inercia de la inmovilidad y conformismo.
Sí, yo también quiero hablar de las elecciones. . . desde mi óptica, ahora, a los cincuenta.

domingo, 10 de junio de 2012

"El asesino"


La radio, la televisión y hasta en los cortos de cine, somos bombardeados por gente que nos espeta fórmulas y propuestas para mejorar al mundo o, por lo menos, nuestro país.
Con palabras en rima, una retórica estudiada y bien maquillada, se empeñan en convencernos de que ellos son mejores que los demás. En el fondo, bien escribió mi hijo, todos están hablando de lo mismo y, los matices mercadotécnicos, son la única diferencia entre uno y otro.
Pero el drama no termina con lo hueco de sus palabras pues, la verdadera tragedia, es que quienes las pronuncian han perdido, en su mayoría, credibilidad. Antes de ir a dar al pódium, cada uno de ellos, ha sido asesinado por el monstruo de su propia creación: la mentira.
Y este asesino no es exclusivo de los políticos. Él es capaz de ir destruyendo en todos los ambientes, desde el matrimonio hasta las naciones completas.
La verdad, tantas veces asociada con la transparencia, es como un cristal. Es como el escaparate que rodea nuestra integridad y, cuando surge la duda, se empaña y nos desdibuja ante los ojos de quienes nos ven. Pero si llega la mentira la golpea, la verdad se rompe y, muchas veces, las astillas matan la fe y degüellan la confianza con su filo. Y, así como no se puede revivir a un hombre degollado, ni la fe ni la confianza pueden reponerse de la herida y mueren. 
El esposo que miente, habrá de vivir con el cadáver de su  credibilidad y la sombra de la incertidumbre, el resto de su vida, rondará su matrimonio. El hijo que engaña a sus padres perderá la valiosa herencia de la confianza de ellos y, así, hasta llegar a los gobernantes que engañan a los gobernados.
Siendo una fórmula tan simple en las relaciones y aplicable a todas las escalas, ¿por qué parece ser ignorada por aquellos que insisten en que depositemos en ellos nuestra confianza? Y, ¿Acaso no es igualmente grave pensar que su conciencia, adormecida o muerta, no les recuerde de sus mentiras y sus fraudes?
Siempre es difícil decidir en quién entregar nuestra confianza pero ahora, trágicamente, es motivo de duelo el pensar que, ninguno de los que se han levantado merece recibirla pues, el valor de su palabra, es nulo.

sábado, 9 de junio de 2012

"Sobre la mesa"


Sobre la mesa se firman los tratados entre países, contratos de matrimonio y de ella se levantan las copas para celebrar los grandes triunfos del ser humano.
Pero, también es sobre la mesa y frente a un juego de mesa, que se forjan seres humanos con carácter e integridad.
El juego y, en especial el de mesa, es parte de la formación de un niño. De él aprende muchas cosas y no sólo a manejar la competitividad sana que le enseña a ser su propio contrincante, cuando trata de superarse a sí mismo en cada ronda hasta dominar el juego.
También se entrena en la solidaridad, si la dinámica del juego es a través de equipos, y lo exhorta a trabajar en conjunto. Le instruye en el ejercicio de la sujeción a las reglas y la civilidad para acatar el orden de intervención en el sistema, respetando el derecho del otro. Y la honestidad se desarrolla cuando vence la tentación de hacer trampa.
Aunque es cierto que los juegos adiestran en diferentes áreas: memoria, habilidad manual, destreza, estrategia y otras materias específicas, una de sus grandes aportaciones es aprender el difícil arte de “saber perder”. A ganar, nos impulsa toda la sociedad pero, ¿no es mucho más espinoso y complicado responder a la derrota?
Creo que, cuando uno sabe perder, asimila la experiencia y se nutre de ella. Ejercemos gracia sobre nosotros mismos y reconocemos en lo que aún nos hace falta trabajar; también dejamos de tener enemigos cuando aceptamos sin amargura que, el otro, ha sido mejor en esa ocasión y hasta lo acompañamos en el gozo del triunfo. 
En el juego, incluso en el de azar, nos ejercitamos en la sabia idea de que, nosotros y nuestro mundo, no dependen de nuestra voluntad y control.
¿Qué sería de nuestro mundo si todos, en la infancia, hubiésemos sido educados frente a un juego de mesa? Tal vez tendríamos sociedades más armoniosas y seres humanos más felices.
No lo sé, quizás es sólo una utopía pero, lamentablemente, es una costumbre familiar que se ha perdido y, con ella, todas sus bondades.
¿Alguien que recuerde y quiera jugar “Turista”, hoy?