jueves, 29 de marzo de 2012

"Sollozos"

Tres segundos sin movimiento y, sin pensarlo, surgen de ningún lado sollozos y lágrimas.
¿De dónde han salido tantos lamentos? ¿Qué es esta tristeza que me ancla a mitad del pasillo y no me deja avanzar?
Respiro hondo y, cerrando los ojos, busco el origen. ¡Son ellos! Ahora reconozco sus voces y sus quejas apelan a mis razones. La larga lista de ellas se yergue altanera y confirman que sólo usaron su derecho a tomar mi tiempo, mi vida.
Suspiro. Tal vez estén en lo cierto. Las razones para invertir mi tiempo fueron ineludibles y, mi vida les perteneció. Pero, ahora, los que no viven por ninguna razón, porque no la necesitan, buscan las migajas de tiempo que requieren para sobrevivir.
Cada personaje de mi mundo, aquellos que viven en mi mente y se nutre de mis ideas, se mira lánguidos y desfallecientes. Los hilos de la novela que los mueve parecen corroídos por el olvido y se asfixian al vivir en el lugar sin espacio ni tiempo.
Cómo quisiera poder explicar al mundo, al que todos llaman “real”, que el mío, el que sólo yo necesito que exista, se está desvaneciendo moribundo por mi olvido.
Si tan sólo pudiera levar anclas y extender velas para navegar hacia él. Encontrarme con mis personajes y escribir un poco, aunque fuera sólo un poquito, de su futuro, sus emociones y sus dramas.
Un día, tal vez mañana, iré a su encuentro para llenar páginas con sus vidas, sus historias.

martes, 27 de marzo de 2012

"Aposhcaguada"

Si no se entiende lo que escribo, no hay problema porque, confieso, tuve que revisar en internet la palabra “Aposhcaguar” antes de usarla.
La realidad es que, desde el amanecer, me siento así, aposhcaguada. No sé si esa humedad en el alma me venga de tantas lágrimas guardadas o, simplemente, de las que anoche derramé entre sueños. Y, peor aún, ni siquiera puedo recordar el sueño sino sólo esa sensación de tristeza, como de tarde de domingo en mi infancia.
Hoy, el sol, por más que brilló, no logró escampar las nubes de los recuerdos ni calentar mi ánimo para ponerlo en marcha.
Aunque estoy aquí, me siento lejos. Y aunque podría dejar el rincón solitario, me arrebujo entre la soledad de las paredes estrechas. Hoy soy como el mosquito que, atrapado en la telaraña, deja de aletear para zafarse y retomar el vuelo.
Mis pensamientos aguados se han impregnado de aroma a viejo y mis huesos tienen ganas de rechinar de aburrimiento.
¿Será que me he quedado sin aliento nuevo? No lo sé y averiguarlo me suena muy cansado. Así que seguiré, al menos por hoy, aposhcaguada.

jueves, 22 de marzo de 2012

"Hablar bien"

Existe gente que, con gran naturalidad, siempre encuentra palabras adecuadas para describir a otros con benevolencia y optimismo. Tales personas tienen el don de rescatar lo bueno hasta de aquellos que, otros, clasifican de indeseables.
Pero, ¿qué sucede cuando alguien nos pide que hablemos lo bueno de nosotros mismos?
En casi todos los casos, la primera reacción es cierta vergüenza y le precede una modestia que nos alerta de caer en el garlito de la arrogancia y el orgullo.
La verdad es que, para la mayoría de nosotros, hablar bien de nosotros mismos es un ejercicio difícil a pesar de que, en el fondo, podemos reconocer dones y talentos únicos y valiosos que nos hacen especiales, diferentes.
Pero, en mi opinión, practicar de manera regular el hablar bien de uno puede llevar consigo un ejercicio de autoevaluación que nos permite identificar aquellas cosas en las que nos hemos esmerado en generar e integrar como parte de nuestra personalidad y nuestra vida. Y, más allá, al reconocerlas, podemos tener un momento de satisfacción al ver aparecer en nuestro resumen rasgos, conductas o actitudes de las que antes no podíamos jactarnos.
Tal vez nos encontremos que hemos aprendido a callar y controlar nuestra lengua en momentos de crisis, o hemos dejado de ser demasiado críticos, o el orden de nuestra agenda se ha cristalizado en compromiso, o ahora ese orden obsesivo se ha convertido en algo relajado y flexible. 
Los hallazgos no sólo son motivo de satisfacción sino de aliento para recordarnos que, no importando la edad, podemos seguir evolucionando y mejorando, incluso. . . si ya transitas los cincuentas.

martes, 20 de marzo de 2012

"Y, Maslow, ¡tenía razón!"

Para alguien que ha vivido orientado a la productividad y el manejo del tiempo siempre con la intención de hacerlo útil, descubrir que el ocio es necesario, es un gran hallazgo.
Y es que, a últimas fechas, he descubierto gustos inusitadamente placenteros como: tomar café sentada en la sombra, bañarme después de las diez de la mañana, echarme en la hamaca y mirar las nubes pasar, escribir en pijama, leer los comentarios de mi página social sin prisas o leerme un libro, de cabo a rabo, sobre la cama aún desbaratada.
Sin poder precisar cuando ocurrió, sólo puedo asegurar que ese sentimiento incómodo, casi de culpa, se ha ido desvaneciendo a la luz de mi nuevo deleite: el ocio.
No sé el efecto que tenga en mi entorno y en mis relaciones que, por largo tiempo, me han asociado con la idea de una persona laboriosa, trabajadora y diligente pero, ya que estoy disfrutando tanto mi nueva “actividad”, tal vez sea un momento de cambiar de imagen.
Así que, después de todo, Maslow tenía razón. El ocio y el descanso son parte importante de nuestras necesidades básicas y, dicho sea de paso, no hacer nada “útil”.  . . ¡es delicioso!

lunes, 19 de marzo de 2012

"Intocable"

Ni las piedras, ni hasta los más mínimos detalles de decoración son susceptibles de cambio en la Toscana. Desde que entré, quedé cautivada por los rincones y las cosas más extrañas que aderezan su belleza natural.
Fue aquí que descubrí que, por encima de la madera, la piedra me hace sentir un lugar acogedor. Los muros enmohecidos, llaves viejas colgadas y, rocas de texturas y colores distintos dispuestas con natural sentido artístico, han sido mi fascinación desde el instante que llegué a este lugar. Y, a mi rincón de piedras, sólo lo veo cambiar cuando las hojas de otoño las cubren o cuando se entintan por el florecer de los pétalos rosados que surgen junto a ellas en la primavera.
Es por eso que, la iniciativa del jardinero de cambiar la disposición original de mis rocas, me generó una gran contrariedad porque ¡me gustan justo como estaban cuando entré por primera vez!
Afortunadamente, me gusta la fotografía y recurriendo a mi archivo de imágenes, encontré una que me sirvió de guía para reconstruir la decoración de mi patio con rocas y dejarlo como originalmente me enamoré de él.
Ante la vista del restaurado espacio, no pude evadir la pregunta: ¿Qué pasaría si, de la misma manera, admitiera a la gente que me rodea con sus perfiles, creencias y convicciones, y no intentara cambiarlos para que, a mi vista, resultaran aceptables? ¿Qué sería de la relación con mi esposo si yo le diera la libertad de conservar su autenticidad, la misma que me hizo enamorarme de él al inicio de nuestra relación?
Se me ocurre que, tal vez, debería dar a la gente el mismo tratamiento de “intocable” que le he conferido a la Toscana y amarlas así, tal como son.

domingo, 18 de marzo de 2012

"Tiempo y cambio"

La pregunta que ronda, cuando has entrado a los cincuenta, es inevitable: ¿Quién será el primero de nosotros?
Cuando jóvenes, ninguno nos sentíamos aludidos con los temas de enfermedades y, mucho menos, con los que hablaban de muerte. Pero las décadas nos han alcanzado y resulta ineludible el comenzar a preguntarnos, ¿cuándo dejaremos de estar todos los que formamos la familia?
Una primera experiencia ocurrió hace muchos años cuando, mi hermano que me sigue en edad, recibió una descarga de alta tensión. Un milagro, literal, le permitió sobrevivir y continuamos la vida con la idea de que, aquello, había sido un evento totalmente fortuito.
Ahora las cosas son distintas. Un achaque por aquí y una enfermedad por allá, nos van anunciando que la edad se nos está viniendo encima. Los hermanos, que vamos de los 40 y hasta los 56 años, eventualmente tenemos conversaciones sobre los inconvenientes de salud, pero fue hasta hace dos semanas que la nube amenazante de una enfermedad mortal nos hizo reaccionar.
“Posible cáncer”, hablábamos entre nosotros y con temblor de corazón evitábamos imaginar una confirmación. Pero, gracias a Dios (y no es un decir mundano o popular), no pasó de preocupación y todos hemos retomado la idea de que, eso, aún no marcará nuestra historia. Pero, ¿para qué nos sirven estos episodios? ¿Acaso debemos archivarlos en el olvido, así nada más?
Para mí, al menos, resultó un catalizador en la conciencia de que, así como no podemos detener el curso del sol y de la luna, la vida de cada uno de nosotros, algún día, llegará a su fin. Y más que una actitud pesimista, de la experiencia renació una convicción de que ¡no hay tiempo que perder para disfrutarnos, amarnos y acompañarnos en armonía!
Aunque estamos predestinados a morir en este cuerpo, nada nos obliga a vivir absurdamente. Así que, ¡Vamos! ¡Aprovechemos el tiempo!

viernes, 16 de marzo de 2012

"Cucharas"

La nueva moda alimenticia, en casa, es la preparación de jugos a base de frutas y verduras naturales. El ritual inicia, como todo buen ritual, a primera hora de la mañana y, como el café se ha ganado un lugar especial en mi vida diaria, tiene el jugo el segundo lugar.
Así que, con el café en una mano y el jugo en la otra, inicio mi lectura diaria para comenzar el día.
Pero como el café, para disfrutarse, debe tomarse a sorbos, ha surgido un nuevo inconveniente. Al ser ingredientes naturales, el jugo se asienta y la mezcla inicialmente homogénea, se ve estropeada al igual que su impronta. Francamente, ya no resulta atractivo.
Como tampoco estoy muy dispuesta a salir de la cama e interrumpir la lectura, pues siempre olvido llevar una cuchara para agitar la mezcla, el asunto del jugo matutino comienza resultar inoperante. Al menos así era hasta esta mañana que, con un poco de desgano, me resigné a tomar el líquido fragmentado después de agitarlo moviendo el vaso en círculos cortos y muy lentamente.
Cual sería mi sorpresa que, evitando mirarlo antes de dar el primer trago, paladeé la bebida con un inesperado sabor, integrado y una consistencia perfecta. Entonces miré el vaso y me encontré con un color naranja suave en todo el contenido. El jugo había recobrado el estado original, como cuando terminé de prepararlo.
Y el hallazgo me hizo pensar. ¿Acaso en la vida, muchas veces, he esperado que aparezca una “cuchara” que agite y recomponga las situaciones? Cuando, tal vez, sólo necesitaba remover las cosas suavemente, sin violencia ni presión, para que retomaran un estado armónico y mejorara su consistencia. La actitud, al igual que con mi jugo, es pieza clave: sin expectativas, mis movimientos fueron relajados y pacientes y, más importante, estuve abierta al resultado y beber lo que resultara. ¿No será igual en las relaciones y en la forma de vivir la vida?
Curioso lo que puede revelar un simple jugo.
¡Salud!

jueves, 15 de marzo de 2012

"Segunda vez"

Cuatro estaciones me han pasado a tropel y apenas he tenido tiempo de darme cuenta. Sólo unos días y la primavera se declarará oficial aunque, en mi jardín, las flores se han anticipado para anunciarla. Y, en preparación para su llegada, el jardinero tomó varios días para retirar hierbas y hojas secas, podar y abonar. ¡Todo listo para recibirla!
Pero, al igual que el año pasado, uno de los árboles quedó con tres muñones que salen del tronco principal. Sin una rama, sin una hoja. . . troncos solamente. Su apariencia, como la primera vez, me apena y genera una inquietud incómoda. ¿Y qué tal si lo cortó de más? ¿Volverá a cubrirse de hojas y flores? ¿Tendrá el vigor para retoñar, este año? Extraño. . . me surgen las mismísimas preguntas que hace un año, después de la poda.
Aunque ahora tengo la experiencia de haber visto resurgir el follaje en el árbol, en mi interior descubro el temor y, ¿acaso no es lo mismo en muchas otras partes de mi vida?
He visto caer a mis hijos y, decenas de veces, los he visto levantarse. He iniciado nuevas aventuras y, al final, sin importar el resultado, siempre he ganado en experiencia. He fracasado, triunfado, sufrido, reído, celebrado y soportado muchas cosas y, hasta hoy, todo me ha sido útil para crecer en la fe, fortalecer mi carácter y llegar a ser quien hoy soy.
Vuelvo a mirar el árbol trunco y, prendido de su rugosa piel, descubro una flor a punto de brotar y un diminuto capullo. Todo mi cuerpo se estremece ante el susurro de esperanza que, esos dos insignificantes brotes, hoy me regalan.
Es cierto, Señor Dios, para los que te amamos y seguimos, todas las cosas nos son para bien.
Así pues, ¡Que suba el telón y bienvenido el nuevo capítulo!

miércoles, 14 de marzo de 2012

"Destierro"

Cuando jóvenes, observamos situaciones y sabemos de ellas pero, es sólo hasta que comenzamos a envejecer, que logramos comprenderlas.
Una de ellas es la etapa conocida como “el nido vacío”. Ese momento cuando la mujer mira a su alrededor y se encuentra con una casa callada, devastada muchas veces por un tedioso orden y con pocos deberes en el hogar. Pero donde también goza, después de mucho, de tiempo para hacer todo aquello que quedó pendiente y que antes no logró colarse entre los ratos de su agenda, rescatar amistades y disfrutar de un nuevo ritmo. Una nueva vida donde, por primera vez, disfruta de hijos y los nietos, sin más obligación que gozarlos.
En el caso del hombre, las cosas son distintas. Su reino, las relaciones de negocio y trabajo, a veces inesperadamente o por las limitaciones de salud, lo echa fuera con el mensaje de “obsoleto”. Él, de quien se esperó siempre que fuera un buen proveedor para clasificarse como buen padre y esposo, ahora se encuentra en un limbo de indefinición.
La casa, donde la mujer ha sido soberana, no es su espacio natural y, si intenta participar en su funcionamiento, la reina del hogar lo echará entre suspiros de impaciencia.
Tal vez su vista, también, esté en su contra y la lectura, su vieja compañera, igualmente lo abandone. Y, si ha sido un hombre de “casa”, es muy probable que los amigos no sean tampoco parte de su nueva situación.
Así parecen iniciar las vidas de muchos hombres en la última etapa de su vida: desterrados al retiro, desdeñados en su propia casa y condenados a terminar sus días en la soledad y el silencio mientras, la mujer, continúa en su propio reino, tal vez más silencioso, pero aún en su cotidiano hogar.
Aunque parece lejano el tiempo de vivir esa parte de mi vida, me pregunto: ¿Seré capaz de recordar esta reflexión cuando me llegue el tiempo, y tener compasión y empatía por mi compañero? No lo sé, tal vez por eso la escribo y espero, por el bien de él, que así sea.

martes, 28 de febrero de 2012

"Deleite"

Son 7 horas, así que, podemos pasarla bien o podemos pasarla mal. . . decidan”.
Tal fue mi anuncio cuando, en la antesala del aeropuerto de París, escuchamos que el vuelo de regreso a México estaba demorado.
El tiempo, cuando estás acompañado de un niño, toma otra dimensión al pensar en que puede aburrirse o desesperarse. Aunque, también los adultos, podemos tomar actitudes muy negativas por impaciencia.
Esa mañana, frente a las dos opciones, todos optamos por la primera: “Pasarla bien”. Tanto que, cuando llamaron para abordar, nos lamentamos por no tener más tiempo y completar el juego que habíamos iniciado. ¡Cuánto disfrutamos echados en el piso de aquel aeropuerto!
Y tal vez, de los motivos de deleite más extraños que he escuchado, ha sido el de mi suegra quien, durante su convalecencia y a pocos días de morir, me confesó: “De las cosas que he disfrutado más en esta vida, ha sido barrer la calle frente a mi casa, muy temprano, cuando no hay nadie aún. . . ¡Cuánto extraño hacer eso!”.
Mi suegra, mi esposo y una joven amiga, han sido mis maestros en el arte y la disciplina de “disfrutar” porque, como yo lo veo, “Disfrutar” tiene mucho de ambas cosas. Es un arte porque, de manera única, la persona logra hacer, casi de cualquier situación, un motivo para gozarse en ella. Y es una disciplina, distinta al optimismo, pues la circunstancia no siempre tiene que ser perfecta para regocijarse pero, buscar el motivo de solaz, requiere ejercer incesantemente la voluntad de hacerlo.
A disfrutar, que eres buena en eso”, escribí a mi amiguita. “¿Es eso un cumplido o un insulto?”, respondió en tono de broma, en el muro de la red social. Y, para mis adentros, pensé: ¡Es un don, jovencita! Uno que el mundo, en el que me incluyo, necesita con urgencia.

sábado, 25 de febrero de 2012

"Punto de restauración"

En los programas para las computadoras existe un mecanismo llamado “Punto de restauración” que, en caso de que el sistema se colapse, sirve para volver al último momento donde aún operaba con eficiencia. En la mayoría de los casos, la información se conserva y se rescata la funcionalidad de los diferentes programas. Pero, no siempre se puede reparar el sistema al cien por ciento.
Eso me recuerda mi propia vida que, por la entrada de alguna influencia “virulenta” o elemento que desbalancea mi sistema familiar y de vida, toda mi existencia conocida se colapsa y vivo en riesgo de pérdidas. ¡Qué difícil resulta a veces volver al último momento donde aún podía operar sin dificultad!
Entonces, mis códigos de creencias se trastornan, las líneas de comunicación entre los distintos ámbitos se bloquean y todo entra en crisis. Y, parece ser, la edad “mediana”, como la llamó Carl Jung, es un tiempo en donde ocurre con más frecuencia de la que quisiera.
Al igual que con la computadora, apretar el botón para resetearla, puede resultar muy angustiante. Ver parpadear el guion blanco en la pantalla negra, me hace estremecer por la interrogante que me asalta, ¿volverá a servir, nuevamente? Lo fatal de todo es que, de no presionar el interruptor para reiniciar, la vida puede resultar miserable de vivirla.
Así que, con temblor de corazón y manos sudorosas, me preparo para vivir los momentos de silencio interior y fondos oscuros frente a mí. Pulsaré con determinación el botón y observaré mientras, mi corazón y mi razón, repasan cada parte de mi vida, sus valores y parámetros, mi sistema de fe, mis relaciones para que, al final, lo que aún funcione se confirme y, lo que deba ser borrado, se pierda y se deseche en la bandeja de reciclado.
¡Qué complejo es vivir, a veces! Y, ¡cuánto valor se requiere para intentar volver al “Punto de restauración”!

viernes, 24 de febrero de 2012

"Sin borrador"

Todo cuanto ha quedado escrito, siempre, ha tenido un borrador, un primer intento para depurar ideas y palabras antes de compartirlas. Y, a diferencia de todos mis mensajes, el de hoy, ha salido directo del corazón.
Cuando las ideas son tan claras, las cortapisas y pausas están de más. Los sentimientos y pensamientos fluyen con tal nitidez que merecen ser expuestos sin contratiempos y, este es uno de esos.
Hoy, no es un día especial ni se conmemora algún aniversario. Simplemente, al despertar, una idea y una nostalgia se apoderaron de mi voluntad para arrastrarme al pasado. Tenían urgencia de que recordáramos juntas el tiempo, así, sin discernir entre los momentos buenos y los difíciles. ¿Qué era tan importante como para detenerme a hurgar en la memoria?
Una canción y la respuesta afloró, extraño, a manera de pregunta: ¿Volverías a elegir ser su madre? Y, sin la menor duda, mi contestación saltó sin esperar: ¡SI Y MIL VECES SI!
Y es que, las historias que se tejen entre los padres y los hijos, por definición, incluyen ternura y desencuentros, lejanía e intimidad, confrontación y alianza, amor e incomprensión pero, jamás, desamor u odio.
He aprendido que, la comisión que Dios otorga a los que nos bendice siendo padres es difícil y a veces reculamos pero, estoy convencida, no hay mayor gozo que ser madre.
Sí, era momento de volver la vista atrás y recordar lo que ha sido tenerla entre mis brazos, acompañarla en sus retos, llorar sus derrotas, enfadarme por mi incapacidad de explicarme, reírme de sus bromas, estremecerme en sus confusiones, caminar a la distancia, siempre atenta para rescatarla y correr para alcanzarla en sus aventuras. . .pero, sobre todas las cosas, amarla, siempre amarla.
Soy su madre, lo sé, pero una que elegiría serlo de ella y de ella solamente.

martes, 21 de febrero de 2012

"No recuerdo"

No recuerdo cuando casi muero ni el tiempo que debimos permanecer en cama hasta que el sangrado desapareció y pudimos seguir la espera.
No recuerdo cuando, el cordón enroscado en mi cuello, tiraba de mí, devolviéndome hacia su vientre mientras yo intentaba ver el mundo.
No recuerdo su rostro, aún matizado de sudor, cuando me vio a los ojos por primera vez.
No recuerdo sus argumentos para heredarme el nombre de su madre y que, por el resto de mi vida, llevaría para distinguirme de todos los demás.
No recuerdo su entusiasmo al verme caminar, un poco demasiado pronto, ni el suspenso colgado de sus ojos ante cada conato de caída.
No recuerdo sus lágrimas cuando, al tropezar, me rompí la nariz al golpearme contra el escalón, ni cuando crucé el portal, maleta en mano, para dejar su casa.
Tal vez una foto desteñida o una anécdota contada me han hablado de todo lo que me recuerda su amor pero, al ver sus ojos acuosos cuando parto y ese destello verde sonriendo a mi regreso, entonces, sin dudar. . . lo creo.

martes, 14 de febrero de 2012

"Paradoja"

Cuando rondamos los cincuentas, la vejez de nuestros padres se convierte en una realidad. Y, yo, no vivo en la excepción.
La lucha por recuperar la salud continúa para mi mami y, para mí, a su lado. Las bajas, a últimas fechas, comenzaron a ser más frecuentes que las altas y, con ellas, mi tranquilidad mermó. Las visitas médicas, terapias y remedios han vuelto a llenar la agenda diaria y, entre los vaivenes, alguien comentó: ¡Qué bueno que eres fuerte! Eso le da mucha tranquilidad a ella.
¿Realmente creen que soy más fuerte?, pensé. ¡Nada más errado!
Cada ocasión, cuando juntas enfrentamos un “mal día”, viene a mi mente algo que aprendí de la Biblia: “Dios no nos da más allá de lo que podamos soportar” y, entonces, recordándolo a cada paso, jalo aire para sobrevivir el día. . . Ese, sin duda, se convierte en mi  punto de partida.
Pero, dentro de mí, veo cuán poco es lo que a veces debo cargar. Comparo mi situación con la de mis numerosos hermanos y descubro que Dios me ha entregado la carga más ligera. Porque, si tuviera que despertar a cientos de kilómetros y escuchara a mi madre triste, yo misma moriría de tristeza. O, si no pudiera correr y en cinco minutos estar a su lado al saber que ese día su cuerpo se resiste a levantarse, ¿cómo soportaría la distancia?
Para mí, a diferencia de los otros hijos, bastan unos minutos para llegar a abrazarla cuando el desánimo la acecha. Y no tengo que vivir las horas del día con la incertidumbre de saber si alguien la acompaña o si tiene todos los cuidados.
Paradójicamente y aunque parezca lo contrario, Dios ha elegido para mí la labor menos difícil, "justo lo que yo puedo soportar". Y, al saberme tan protegida por Él, no puedo evitar decirle: ¡Gracias por dejarme ser yo quien esté a su lado, Señor! ¡Qué privilegio el mío el disfrutar a mi madre en este punto del camino!

sábado, 11 de febrero de 2012

"Paternidad"

¿De qué se trata ser padre a los cincuentas?
Es el tiempo de celebrar la entrada a la universidad, para algunos, y de los frutos profesionales de otros. Es también cuando, los más adelantados, disfrutamos de los nietos y de las reuniones familiares nuevamente bulliciosas.
Para quienes tenemos hijos adultos, es el anhelado instante de verlos formados, con una personalidad única y valores bien cimentados. La convivencia deja de ser una lucha de vencidas contra las rebeldías insensatas y deja paso a la conversación y el intercambio. Aunque, tal momento. . . no llega para todos.
Y me hace recordar a aquel padre, que por mucho tiempo, vive atisbando el horizonte en la esperanza de ver volver al hijo pródigo. Ese hombre joven que, sin mucha cordura, sale del hogar para dilapidar la herencia reclamada al padre.
¿Qué se llevan los hijos para dilapidar cuando, por su falta de madurez, dejan la tutela paterna?
Imagino que, parte de su bagaje, es el honor familiar, sus principios y enseñanzas. Equipaje que va mancillando y deshonrando a lo largo del viaje. También, mientras vive sin responsabilidad, gasta su propia reputación y juventud, las mismas que algún día le cerrarán algunas puertas.
Cuando los hijos son pequeños, decía mi padre, pequeños son también los problemas. Pero, cuando crecen, éstos y sus consecuencias tienen mucho más alcance.
Vuelvo a pensar en ese padre y el dolor me aqueja. ¡Qué tristeza no poder más tomar al hijo por el brazo para sentarlo y recordarle los principios de una vida honesta!
Entonces descubro que, a pesar de la esperanza, muchos padres jamás ven caminar al hijo pródigo por el camino de vuelta a casa. No viven el momento de alegrarse por su llegada y, más aún, por su arrepentimiento, el único símbolo de aprendizaje para avalar su regreso. Entonces, sólo será su consuelo el vivir con la conciencia limpia de haber hecho lo mejor posible para formarlo.
No, no todos los hijos regresan y, esa incertidumbre, es parte de la paternidad. . . a los cincuenta.

jueves, 9 de febrero de 2012

"Entierro"

Cuando un indigente muere, el destino de sus restos es la fosa común donde, sin luto ni duelo, queda en el olvido en presencia de nadie.
Pero, cuando es alguien preciado por los suyos y su ausencia es resentida, se ven largas colas de dolientes pasar frente a sus restos. Algunos llorándole y otros rindiéndole honor a su memoria.
Los anhelos, desde mi forma de ver, son como el segundo caso. Para mí, al menos, tienen un gran valor y, muchas veces, he trabajo en ellos mucho tiempo, haciendo sacrificios y esfuerzos para alcanzarlos. Así que, cuando mueren malogrados, merecen un minuto de silencio.
No quiero consuelo ni palabras de compasión. Pido al mundo me dejen desgarrar las vestiduras de mi alma y morar sobre silicio para llorar mi pérdida. Y a ti, cuyos ojos se han llenado de mundo, ¿cómo explicarte, el dolor que siento, al mirar la virtud y honestidades muertas? ¿Cómo hacerte ver que, este anhelo, desde que la acuné en mis brazos, fue cultivado con ejemplos, enseñanzas y amor? Son tus oídos sordos, lo sé, al llanto mudo de quienes, junto a mí, sembraron semillas de honradez y hoy lamentan que jamás germinaron. 
Pero, abro el cajón y pongo en él la prenda blanca y los azahares, la alfombra reservada a los pies virtuosos, las bendiciones de Dios sin estrenar y pongo junta ellas las astillas de todos los corazones rotos. Limpio las lágrimas de mis ojos y miro, por última vez, el cadáver lánguido del anhelo que jamás será realidad.
Ahí va ya el ataúd al paso de la mudanza rumbo al crematorio donde, dentro de muy poco, todo será cenizas. Y, aunque muchos no lo entiendan, las guardaré en algún cajón para cuando tenga ganas de soñar en el futuro que jamás llegó y hacerlas parte de las ensoñaciones, con la mente dispersa de mi vejez.
Hoy, déjenme llorar. Que nada me impida guardarle luto y duelo a ese, algún día, hermoso sueño.

miércoles, 8 de febrero de 2012

"Releyendo a Fromm"

Cuando el amor te llame, síguelo”, escribió una bella mujer. Y, al leerlo, agregué: “Cuando el verdadero amor te llame. . .”
Ahí está el problema. Distinguir la diferencia”, respondió
Horas después, recibí de regalo un libro: “El arte de amar” de Erich Fromm. Desde entonces, a cada momento, mi mente ha paseado buscando la definición del amor que pudiera resolver la duda: ¿Cómo distinguir la diferencia?
Repaso las primeras páginas del libro, ya leído hace tres décadas, y descubro algo importante: mi percepción de los conceptos, ahora a los 51, es totalmente distinta a cuando iniciaba la preparatoria, primera ocasión en que lo leí.
Tal vez, aunque las ideas y propuestas estaban claramente planteadas, para la joven “yo” sin experiencias ni con un intelecto o capacidad emocional maduros, el mensaje no fue el mismo o, simplemente, no pude recibirlo como fue originalmente escrito por las defensas propias de mi juventud. Concluyo: aunque digas una verdad, si el receptor no está listo, es inútil tratar de mostrársela.
Pero, como si esta fuera la primera lectura, voy captando como el autor comienza mostrando lo que “no es el amor”, como cuando el arqueólogo va retirando todo aquello que se ha adherido a una pirámide sepultada. El amor no son esos abrojos, ni las piedras, ni nada que lo hace lucir como un montículo. Así, el escritor nos prepara para mostrarnos la verdadera obra de arte: la pirámide oculta. . . el verdadero amor.
Y al primero que señala como un “impostor del amor” es el enamoramiento, ese estado alterado de la conciencia que llena de excitación y magia, aislando a los amantes de las realidades. Entonces, Fromm, escribe: “Al comienzo no saben todo esto –refiriéndose al momento de fantasía de los enamorados- : en realidad, consideran la  intensidad del apasionamiento, ese estar <<locos>> el uno por el otro, como una prueba de la intensidad  de su amor, cuando sólo muestra el grado de su soledad anterior”. (1)
Sin restarle importancia a la intimidad, Fromm muestra la confusión y, entonces, puedo comprender mucho de mi entorno y lo que prevalece en él. Parejas que surgen y mueren al vapor. Familias disueltas y proyectos mal logrados. Todo, en aras de la búsqueda incansable del amor y movidos por la soledad en la que los individuos, en nuestra sociedad, están atrapados.
Erich Fromm, en un primer capítulo, señala al primer responsable y falso amor: el enamoramiento.
Parece que, tal vez, mi joven amiga y yo, encontraremos en este obsequio algunas respuestas.
(1) "El arte de amar". Erich Fromm. Paidós contextos 90. Pag. 17.

lunes, 6 de febrero de 2012

"Sabios"

Por alguna razón, los sabios siempre son representados con ancianos. Parece que la vejez fuera el precio para gozar de la sabiduría pero, dos días atrás, comprobé que no es privativa de la gente mayor. Aunque es más frecuente encontrarla en ellos, de vez en cuando, cruza por nuestra vida alguna personita joven que nos demuestra que no es exclusiva de los viejos.
Esta joven mujer, que aún no completa su tercera década de vida, supera la adversidad con gran optimismo pero sin dejarse arrastrar por las ligerezas propias del corazón. Sus ojos, bien abiertos a la realidad, le mantienen alerta de las consecuencias y, con gran madurez, cifra sus decisiones en prioridades sensatas y plenas de integridad.
Pero, lo que más admiro en ella, es su capacidad de reconocer lo importante: sus hijos. A pesar de sus anhelos de compañía y de un futuro sintiéndose amada, camina hacia sus metas pero sin olvidar que, ellos, dependen de su buen juicio para construir un futuro. . . el mejor para ellos.
Fácil sería para ella justificarse bajo la bandera de la juventud pero, contrario a ello, sólo sustenta la dirección de sus pasos en la rectitud, la más importante herencia para sus hijos.
Observo mi mundo, a veces tan decadente y la encuentro a ella, como una joya entre los escombros. Sólo para recordarme que, también entre los jóvenes, puede encontrarse ejemplo de sabiduría y honestidad.
¡Mi admiración a ti, joven mujer! Gracias por tu ejemplo y por recordarme que, incluso en estos tiempos, los hijos, como tú, son motivo de honra y orgullo para sus padres.

martes, 31 de enero de 2012

"Prioridades"

Las 13:40 y, la cama, revuelta como mar en tempestad, espera ser alisada y lucir ordenada para el nuevo día. Se unen a su espera los pijamas y la ropa, prematuramente cambiada, por el intervalo de intimidad.
El fregadero se adhiere a la queja. Platos, copas y cuchillos se amotinan impacientes. ¿Cuándo recobrarán la limpieza y se resguardarán en el orden convenido?
Con migajas y envoltura de chocolates, el mantel se incomoda. Nadie está frente a la mesa y, sin embargo, el caos mantiene su dominio sobre la mesa desierta. Sin comensales, el desorden se mira incómodo y la sobremesa pierde sentido. Esa botella de vino, tan llenita de deleite, es ahora basura sin el preciado líquido consumido por nuestros paladares sedientos.
La revuelta de objetos nos demanda un tiempo, uno que nos oponemos a gastar en ellos. Tenemos tan poco, nos es tan escaso que, de tener un poquito, lo gastaremos en miradas y besos. ¡Son tantas las cosas que reclaman de nosotros! Que, con el cinismo de los amantes, guardamos silencio a sus llamados y, en lugar de buscar orden, nos compartimos sueños, nos secreteamos miedos, nos secamos las lágrimas el uno al otro y, a pesar de todo, nos amamos.
Hoy nos damos cuenta que, sin alertas previas, nos alcanzó la vida. La regalamos sin empacho a nuestros hijos. La compartimos a los amigos y la entregamos a nuestros nietos. Hemos dilapidado tanta vida que, con algo más que intenciones, hoy nos guardamos un poquito para lo nuestro.
El tiempo se nos va, nuestra vida se agota y, como jóvenes revoltosos, ansiamos nuestras prioridades porque, a fin de cuentas, todos se van, todos nos dejan y al final, nos quedaremos solos.
¡Cama, cocina, mesa y desorden, escuchen ahora y escuchen bien!: Aprenderán a esperar porque, el tiempo, es nuestro y es poco. Y es amarnos, ahora, nuestra prioridad. 

"Activos"

El hombre del que hablo, no tiene un capital líquido en abundancia pero, si alguien pregunta por él, recibirá una respuesta casi idéntica: es un hombre de honor.
Sí, él no usará la mentira como salida cuando la situación lo apremie o quiera sortear la consecuencia de sus actos. Tampoco mentirá para mejorar su imagen o conseguir sus objetivos. La verdad, en toda circunstancia, es su arma para enfrentarlo todo.
Las madrugadas y las noches se convierten en sus aliadas si, el tiempo, es necesario para cumplir con sus promesas y sus prioridades. El descanso profundo no entra en el programa si de servir a su familia se trata.
No atesora recursos para satisfacer sus necesidades y, siempre, antepone las de los suyos para vivir en paz.
Jamás hace cimiento sobre lo ajeno y lo único que espera es una retribución justa para todos.
Su honor y sus valores son su código de vida y, por vivir a su capricho o conveniencia, no los sacrifica ni los olvida. Paga el precio por resguardarlos, a veces, con el rechazo de quien más deberían amarlo. Levanta su voz para señalar lo que sabe que está mal aunque el respeto se diluya en la respuesta de quien lo escucha.
El trabajo honesto es su fórmula de vida y la única opción para proveer a los suyos. Los socios, quienes quieran que sean, tendrán su máximo esfuerzo y una lealtad llena de honestidad, siempre. Y, sus amigos, encontrarán en su abrazo la aceptación y apoyo incondicional.
Este hombre, tal vez, no tenga el dinero que lo haría llamarse “rico” pero, más valioso que lo material, son sus activos: sus valores, su honorabilidad, su rectitud y su lealtad.
Él es un ser humano valioso entre los más valiosos y, yo, la más afortunada al tenerlo por esposo.
Tal vez, después de leerme, deberíamos preguntarnos: ¿Cuáles son tus activos?